Jueves 22 de Enero del 2026

Andregnette y Ortiz, legados y donaciones

Publicado el 24/01/2025 por Damián Vidal

Andregnette y Ortiz, legados y donaciones. Prácticas de beneficencia como símbolos de una época.

Dos casos, poco conocidos quizás, nos traen aquí para contar. Con la mirada puesta en prácticas de beneficencia que se realizaban, entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, donde sus protagonistas solían tener como nexos comunes una holgada posición económica y un fuerte componente religioso, vinculado a la principal institución establecida en este último ramo: la iglesia católica.

Bordeando la calle central del cementerio de Zárate se destaca la bóveda de Pascual Andregnette. Construcción que no pasa desapercibida, pero no por su suntuosidad, sino por una arquitectura que, sin ser sencilla, igual se diferencia claramente del entorno de construcciones altas y notorias. Don Pascual Andregnette (o Andragnette, -como suele aparecer en algunos casos-), supo tener hacia finales del siglo XIX campos en la zona sur del Partido de Zárate, cercano al límite con Exaltación de la Cruz. Contando con más de 650 hectáreas de buen suelo, con el valor agregado de ser linderas hacia el este con el ferrocarril, a apenas unos kilómetros del pueblo de Escalada y su estación.

Fallecido Andregnette, en 1908 la Sociedad Protectora de los Pobres (decana sociedad de beneficencia local) interpreta ser heredera de los bienes del difunto. Sin embargo, la existencia de un testamento que dejó Pascual, dejará en claro que a dicha sociedad le deja solo un legado, no todas las existencias. El “legado Andregnetti” tendrá un periplo judicial que llevará algunos años, donde la iglesia católica estaba incluida ya que era parte también. En 1911 se fraccionan y rematan los vastos campos, como parte de la testamentaria. Entre sus compradores estará José Ortiz. Para 1912, terminado el asunto sucesorio, se llega a un acuerdo entre el clero y la nombrada sociedad de beneficencia, y a esta le dan un monto de dinero que utilizará para sus buenos fines: la ayuda a los pobres y por sobre todo a costear los grandes gastos en que incurren con el funcionamiento del Hospital Nuestra Señora del Carmen, el primer hospital que tuvo Zárate, y único por mucho tiempo (donde hoy está la Escuela Nº29). Otra parte del legado de Andregnetti será para obras de refacción en la iglesia Nuestra Señora del Carmen. 

Estas obras se componían de rehacer completo el revoque exterior, -por uno mucho mejor en imitación piedra-, reformas internas en la nave principal y dependencias. Los trabajos fueron encarados recién en 1913, inaugurándose entre finales de ese año y principios de 1914. Así, como la vemos hoy a la parroquia del centro, es como quedó desde entonces. Con ese revoque símil piedra y el piso que tiene la nave principal, por ejemplo. En ambos casos, si fijan atención, verán que, cruzando el ingreso por el atrio en los mosaicos del piso dice: “Piso donado por D. Pascual Andragnette. 1913 y en el frente de la iglesia, -lado hacia Rivadavia- inscripto en el mismo revoque símil piedra notarán una leyenda. En la misma se explica el caso: 

“El revoque exterior de este templo y las refacciones y ampliaciones efectuadas en la casa parroquial y sacristía, fueron costeadas con el legado del señor Pascual Andragnette. Zárate, Diciembre de 1913”.

Volviendo a la calle central del cementerio, ni bien uno ingresa y la transita unos metros, del lado izquierdo se destaca un mausoleo imponente. Es el más grande de la necrópolis a cargo de un particular. En el friso, sobre la puerta, señala el nombre: José Ortiz y familia.

José Ortiz y su esposa, Engracia Josefa Imaz de Ortiz, eran dos españoles que se afincaron en estas tierras a finales del siglo XIX. Ortiz se dedicará al comercio y a la actividad agropecuaria, en este último rubro es donde comenzará a desarrollarse y crecer fuertemente, comprando campos y explotando sus instalaciones. En general en una misma zona o franja, saliendo del casco urbano hacia el sudoeste de nuestro partido, siguiendo como columna vertebral la línea ferroviaria trazada y/o la vera del viejo camino Capilla del Señor (saliendo por la actual calle Pellegrini). Ortiz adquirirá diversos campos linderos entre Zárate y Escalada, frente a Escalada mismo y más allá, pues como dijimos, fue uno de los compradores de varias fracciones en las que se dividieron los campos de Andregnette, casi al límite del partido.

Muerto José Ortiz en la década de 1920, le sobrevive su esposa Josefa. Es en ella en quien centraremos la “pata benéfica” de la familia. Esta práctica era bastante habitual por entonces, que el varón era el acaudalado por su actividad económica y la mujer era la “distinguida dama” que se encargaba de la beneficencia. De esta forma encontramos nuevo punto de coincidencia con el finado Andregnette, no solo por haber comprado parte de sus campos sino en donde direccionaron sus donaciones. Josefa, en memoria de su difunto esposo comprará la casa aledaña a la Iglesia del Carmen y la donará a la curia. Esto puede verse en la gran placa que se exhibe en su entrada lateral, dice: 

“DÑA JOSEFA I DE ORTIZ. Donó esta casa el año 1930 a la Curia Eclesiástica en memoria de su esposo señor JOSÉ ORTIZ. Las refacciones en la misma se hicieron el año 1946 con la contribución de los feligreses de Zárate.”

No es extraño ni menor este gesto. La familia Ortiz-Imaz seguirá con el negocio agropecuario y la beneficencia. Por ejemplo, en Capilla del Señor aún hoy se recuerda en las apostillas históricas que Josefa donó la primera ambulancia que tuvo el nosocomio del pueblo, el Hospital San José. También en el noroeste bonaerense dejan su huella: en el partido de General Villegas, los católicos de allí recibirán importantes donaciones de doña Josefa, pueblo que también tiene a la Virgen del Carmen como patrona, al igual que Zárate. Una placa, aún existente en el frente del imponente mausoleo familiar en nuestro cementerio lo recuerda: “Los católicos de General Villegas a su digna benefactora Josefa I de Ortiz, 23/8/1951”.

Andregnette y Ortiz, dos casos claros de prácticas benefactoras y sociales que fueron por convicción, o por tradición, o por el “deber ser” de un entorno, símbolos de una época. Y nos dejan legados en la cultura, la arquitectura y el patrimonio histórico. Hasta referencias geográficas, pues, como toponimias en el tiempo: el actualmente llamado Paraje Ortiz, en la zona rural, no es ni más menos que por estar, justamente, en los antiguos campos de José Ortiz y su familia.

Despabilando! (que aún nos queda)

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