Sorpresa fue encontrarlo. Cada vez hay menos, muchos menos, tanto que ya es declarada una especie en extinción. Y estaba allí, entre el follaje de un árbol que crece sin cuidado en las ruinas del viejo frigorífico. En lo que queda de la pequeña plazoleta de mástiles roídos, que enarbolaron sus banderas de frigorífico Smithfield, de frigorífico CAP, de Cooperativa Martín Fierro. Ese lugar que los anduvieron muchas generaciones, decenas de millares de nosotros en los tiempos.
El bicho canasto, el viejo y famoso bicho canasto. Aparece entre la maleza. Se va dejando ver. Nos recuerda que no todo está ni definitivamente perdido, ni completamente extinto. Que siempre, aunque escondido en algún rinconcito, alguna pista hay. Que nada pasa sin dejar huellas. La metáfora nos es clara: en eso andamos y por eso lo encontramos, recorriendo la historia viva en el presente, a lo largo del Partido de Zárate.
Y se abre, se muestra, como este año que recién comienza. Habrá que estar ahí, atentos, afilados, receptivos, curiosos, dispuestos, a explorar, a meternos. A moverse. A no extinguirse en la rutina impúdica que atropella el calmo tiempo, ese que hay que tomarse para abrir los sentidos. Y contemplar. Contemplar y aprender.
Sigamos Despabilando! en este 2025, que aún nos queda.