Publicado el 12/10/2022 por Damián Vidal
Seguimos pateando el Cementerio de La Recoleta, dejando atrás la abundancia oligo-estanciera del Partido de Zárate y buscando pasar por algo de corte más popular.
Historias Del Cementerio: El Cementerio de la Recoleta bajo una mirada zarateña (Parte II)
Aparece el panteón de los caídos en la revolución de 1890. Lugar emblemático de la Unión Cívica Radical, donde no solo están los restos de varios caídos en aquella histórica revuelta, sino también algunos de sus próceres partidarios. Cuando ser radical era ser revolucionario, Zárate fue uno de los primeros pueblos en plegarse a la movida de Alem y compañía para levantarse contra el ‘unicato’ poder de Juárez Celman. Y no solo en 1890, también en la Revolución del ‘93, que a propósito de esto justito cerca está la tumba de Lucio Vicente López. Usted dirá ¿y cómo se cruza todo esto? Bueno, el intendente de Zárate depuesto por la insurrección de 1893, el coronel Carlos Sarmiento, tiempo después y tras algunas denuncias de fraudes con ventas de tierras va en cana. Al salir se bate a duelo con su acusador, justamente Lucio V. López, hiriéndolo mortalmente en dicho lance. Una muerte de alto impacto en la sociedad de entonces, por la simpatía que contaba en la opinión pública el nieto del autor de la letra del himno nacional. Carlos Sarmiento, aparte de ir de nuevo en cana y luego ser gobernador de San Juan (cosas de la Argentina, no importa cuando leas esto) terminó viviendo sus últimos años otra vez en Zárate, en la que fue llamada Quinta Santa Inés o de los Bigarella, la que está en Noya al 2500, barrio San Jacinto. Muere allí mismo en 1915, su cuerpo es trasladado a la Capital en tren y también queda sepulto aquí en La Recoleta. Todos se cruzan y van al mismo rincón, pareciese reflexión tanguera, pero es así, que vachaché.
Cambio de órbita. Vamos con una de doctores. Caminando cerca de la entrada principal, hacia la izquierda, das con la bóveda familiar donde están los restos de Ubaldo Fernández. El mismo de la calle nuestra que nace en Rivadavia a continuación de Soler. Ubaldo Fernández era médico. En el bronce se aprecia, aparte de cómo era su fisonomía, las palabras: “Caridad, Conciencia, Ciencia”, pues así parece que se resume su mirada del paso por la vida. Era zarateño, nacido en las últimas décadas del siglo XIX.
Estudia medicina, egresa en 1901. Desarrolla una gran labor profesional y académica en Capital, donde fija su residencia. Especializado en asuntos de maternidad, con la obstetricia y la puericultura; también docencia, investigación y conferencista. Cumplió cargos directivos en la universidad. Una carrera fenomenal. Un día domingo de octubre del año 1930 se va a despejar a su Zárate natal, pues solía volver con frecuencia a su pago chico. Estaba pescando lo más campante cuando la muerte lo encuentra, y ya. Así nomás como te la cuento, pescando en Zárate es como se apaga la vida de nuestro reconocido médico.
Hablando de doctores, tengo entendido que Félix Pagola también está inhumado aquí, pero camino y camino y no lo encuentro. Quedará pendiente entonces porque ahora mi atención sale para otro lado, a otro doctor, pero no en medicina sino en leyes, que mientras andaba apareció su sencilla bóveda familiar: “Flias Condomí – Condomí Alcorta”, y la relación zarateña es inminente. Arturo Condomí Alcorta, abogado, docente, escritor, fue quien tuvo la destacadísima tarea de ponerse al hombro un trabajo algo desapercibido con los años, pero muy valioso en nuestra historia: el (primero y único por ahora, según creo) Censo y Digesto Municipal, publicado en 1908. Trabajo muy interesante, pionero, encarado por la municipalidad. Que aparte de hacer un escaneo general del partido de Zárate en cuanto a sus números, población, economía y otros aspectos, contiene por primera vez como texto una historia de Zárate. Una reseña bastante aproximada de contar nuestra historia local; guía para aquellas generaciones y para el gran trabajo que Botta hará medio siglo después. Detrás de todo esto, fue un documento basal para saber por primera vez donde se estaba parado y fundamentar el salto a ser declarada Zárate ciudad (cosa que sucedió en 1909) en su fuerte transformación que entonces tenía, al calor del progreso económico y social que llevaba a cabo en su seno.
Frente a la bóveda Condomí Alcorta se encuentra el mausoleo de Julio Argentino Roca. Pienso en la relación del mismo, y los gobiernos conservadores de entonces, con nuestros conocidos Quirno. El cementerio no es tan grande así que muy lejos no deben andar. Vamos en su hallazgo.
Ya sabemos a esta altura de la historia (si no sabelo ahora) que nuestro primer jefe comunal, allá por 1854 en que se creó el partido de Zárate, fue Gregorio Quirno. Bueno, uno de sus hijos fue Norberto Quirno Costa, quien metido en la cosa de la política ya sea como legislador, diplomático, o ministro en casi todos los gobiernos desde la década de 1880 hasta principios del siglo XX, llegó a ser vicepresidente de la Nación, justamente con Roca en el primer sillón, ente 1898 y 1904. Mientras le sucedía todo esto, seguía siendo propietario de tierras que eran de su padre en Zárate, de hecho, las manzanas delimitadas por las calles Beruti, Juan B. Justo y Pagola eran de su propiedad, e inicialmente al lotearse fue conocida como Villa Quirno, la zona del Parque de la Cruz.
Adicional: el Norber fue masón, confeso y probado. Hay evidente simbología masónica en la fachada de la bóveda.
También una de las hijas de Quirno, Leonor Quirno Costa, se casó con su primo José Antonio Terry ¿Y este muchacho? Fue, digamos, “el” ministro de economía de Roca y toda esa bandada del Partido Autonomista Nacional cuando las papas les quemaban (aparte de diputado, senador o todopuestista, como siempre manda nuestra historia política). Los Quirno-Costa, en la elite relevante de aquella generación que se jactó de ser el “orden y progreso” en Argentina ente 1880 y 1910. En definitiva, vale tener en cuenta que los iniciadores municipales de Zárate, viejo Quirno con su esposa Fernanda Costa (pariente de los Costa iniciadores de Campana), antirrosistas, secesionista del Estado de Buenos Ayres o mitristas según la época y la ocasión, están también acompañando los restos de su descendencia aquí en la Recoleta.
Frente a los restos de este linaje un imponente panteón se erige: Guerreros del Paraguay. Y mientras nos acercamos a escrutarlo nos vuelve a parecer sorprendente pensar en cuántas historias se van disparando en una recorrida de camposanto, ¿no?
Seguimos Despabilando! (que aún nos queda).
