Un comedor popular impulsado por una notable pareja de australianos, y otras iniciativas locales para paliar la crisis de 1914 en Zárate.
La humanidad en general, el país en particular y Zárate en específico hoy están transitando una etapa por demás inédita y compleja. Proceso que entrecruza sanidad, salubridad, economía, relaciones sociales, personales y muchas otras aristas del ser. En medio de esto hoy podemos observar muchas y valiosísimas ollas populares en los barrios, comedores, colectas, campañas solidarias, voluntariados y otras iniciativas donde siempre la solidaridad y el empuje mancomunado surgen de alguna forma para sobrellevar las dificultades.
Buceamos ahora en otra etapa complicada de nuestra historia: la Primer Guerra Mundial, la cual generó grandísimo impacto social y económico en el mundo y, por supuesto, Zárate no fue la excepción. Esto nos asoma el hallazgo del, quizás, primer comedor popular del cual tengamos registro en la historia local. Vamos hacia el año 1914 para contar de qué se trata.
Hacia el año 1914, el partido de Zárate gozaba de un dinamismo importante desde hacía varios. La instalación de industrias de mano de obra intensiva como los frigoríficos y la fábrica de papel, sumado a explotaciones industriales de productos químicos, destilería y otras menores; además de una gran actividad portuaria-ferroviaria, con fuerte desarrollos agropecuarios en los campos, era sitio estratégico para el modelo agroexportador argentino. La población del partido, según el Censo de ese mismo año, ascendía a casi 25.000 personas; la gran mayoría en la localidad de Zárate, aunque los poblados de Las Palmas, Lima, Atucha, Escalada y otros puntos rurales eran bastante poblados por su activo movimiento agrícola-ganadero.
Justamente, la gran dependencia de las actividades descritas con el modelo adoptado por el país, fue tanto aporte al gran auge local, como a la vez quizás su gran debilidad ante el cimbronazo internacional que trajo la Primer Guerra Mundial, estallada a mediados de 1914. Los grandes mercados que influían con su comercio la matriz económica-productiva zarateña era justamente el que se retrajo automáticamente al desatarse el conflicto armado en Europa, ya sea por dejar de comprar alimentos como de vender manufacturas o insumos al país para que este continúe su comercio y su producción interna (por ejemplo el carbón para mover la industria, usinas, ferrocarriles).
El movimiento social, migratorio, urbano, de servicios que trae atada tanta actividad no pasaba inadvertida tampoco. Entre la población zarateña, inclusive, muchos viajaron en los años siguientes para servir a su país de origen, y las sociedades de socorros mutuos locales organizaron colectas y donaciones a lo largo de toda la guerra, con destino a la Cruz Roja, a los afectados directos y a sus familiares. En Zárate, desde todo punto de vista, no pasó para nada desapercibida la llamada “Gran Guerra”.
Los efectos del inicio de las hostilidades en Europa fueron inmediatos: cierre de los frigoríficos The Smithfield y Las Palmas, (de capitales y mercados ingleses, el gran consumidor de carnes argentinas) e impacto en la obra del entonces frigorífico Anglo que estaba en construcción, baja automáticamente de la actividad agropecuaria exportadora en general, por ende arrastre a la actividad portuaria y ferroviaria, al no tener qué transportar sumado a la alta dependencia de capitales británicos en estos rubros. La fábrica de papel La Argentina, también queda expectante ante el nuevo escenario. Es decir, las grandes fuentes laborales que movía casi toda la masa obrera (miles) de Zárate entra en recesión, léase: se para la industria y la expo local, se para Zárate. Publica El Debate:
“FRIGORÍFICO “THE SMITHFIELD”. SU CLAUSURA. (…) A los obreros permanentes, o sea los que están a sueldo mensual, la gerencia les ha notificado que el 8 de Septiembre próximo quedarán cesantes, si antes no se reanudan las faenas…”
No solo se comienza a observar la baja de actividad y mano de obra desocupada con cientos de obreros del Partido quedando cesantes, (la gran mayoría era “jornalera” -ganaban el mango diario- y lejos se estaba aún de una legislación que garantice ciertas condiciones de protección al obrero) sino también la incertidumbre se agrava con el correr de los días, y no se tiene perspectivas de reactivación.
Desde el lado de las, actualmente llamadas, Organizaciones de la Sociedad Civil, son varias las iniciativas que entonces se llevaban a cabo para con los grupos más desprotegidos, por supuesto que, sostenido por los sectores más acaudalados, como era habitual entonces. La “caridad”, como se la entendía, encontraba desde finales del siglo XIX con una entidad insigne de Zárate: la “Sociedad Protectora de Pobres” creada y dirigida por grupos relacionados a la burguesía local y las familias más pudientes, a quienes se les debe la atención de los más necesitados por décadas, además de haber creado y sostenido el primer hospital local: el Nuestra Señora del Carmen, hoy aun imprescindible en la ciudad. Desde 1904 también la “Sala de Primeros Auxilios La Caridad”, el otro centro asistencial de Zárate sostenido por la voluntad de sus integrantes. Por el lado del Estado Municipal siempre fue aportando de alguna u otra forma, con subvenciones a instituciones e iniciativas benéficas o incluyendo ítems en el presupuesto municipal para “Beneficencia” o “Socorro a pobres“. Además, ya para 1914 estaban actuando en Zárate la “Sociedad Protectora de la Infancia”, dirigida con el martillero público -y futuro intendente en la década del ’30- Simón Bayona; y en Lima, para 1912, la “Sociedad Protectora de los Pobres de Solemnidad de Lima”. En cuanto a las iniciativas desde las instituciones religiosas, muy ligada a las “caridad social” de personas y organizaciones de entonces, algunas citadas, el catolicismo organizándose con sus congregaciones internas aportando con talleres de costura de ropa para pobres, por ejemplo, algo muy habitual entonces. Entre todo esto, aparece una organización religiosa que desde hace una década viene trabajando sin pausa, con esfuerzo y contra prejuicios sociales para nada facilitadores, es la incipiente comunidad evangélica en Zárate, con un ilustre exponente al frente: el “Dentista F. Jorge Hotton”.
Federico Jorge Hotton, había nacido en Australia, en el poblado de Heatherton, próximo a Melboune, en septiembre de 1881. Conforme al acabado trabajo escrito sobre su vida y de la iglesia cristiana evangélica en Zárate, plasmado en el libro “Certeza y Convicción: Consecuencias de una fe inquebrantable” -de Miriam Edith Guerci y Ruth Silvia Christgau, Ed. 2009-, Hotton se graduó muy joven en odontología, partiendo con nuevo destino, e impulsado por su fe cristiana, a la Argentina. Arribando en 1904 e instalándose inmediatamente en Zárate, donde la comunidad evangélica comenzaba sus primeros pasos. Tiempo después llegaría su esposa, la señora Emilia Ana Reeves, de profesión obstetra y enfermera. Claramente ambos, con un profundo sentido humano integral, se dedican como profesionales de la salud, tanto a lo físico como a lo espiritual, con su prédica y acción.
Ante el escenario de los cuantiosos obreros y familias que se van quedando sin trabajo por el cierre de las grandes fuentes laborales de la localidad, más el arrastre a sus actividades conexas, el vecindario de Zárate comienza a tomar distintas iniciativas a través de sus instituciones y particulares, como así también acompañado del municipio, liderado por el afamado caudillo local Luis Güerci. La primera acción que se registra entonces fue donar “250 kilos de galletas a los pobres más necesitados”, iniciativa de la familia Casentini quienes con esto querían “honrar la memoria del señor Luis Casentini, con motivo de cumplirse el primer aniversario de su muerte”. Esta donación se efectuaba a través de la nombrada Sala de Primeros Auxilios La Caridad, de la cual eran parte en esta familia, articulando la Intendencia quién distribuirá los vales para poder retirar cada uno su ración de galleta. El resultado confirmó el estado de situación, la crónica habla de mucha “gente menesterosa” asistiendo, que el reparto fue preferente para familias numerosas, observándose “rostros escuálidos y raída ropa” entre los que acudieron.
Si bien esta donación de los Casentini no se refiere exactamente como respuesta a la situación que vivían muchísimos vecinos ante el escenario del desempleo, si fue un antecedente clave para que comience a organizarse más seriamente la ayuda comunitaria en este tema. Los primeros en recoger el guante y poner en acción la solidaridad no vinieron de las grandes esferas de poder o de los vecinos más pudientes como era de esperarse, sino de aquella pareja de australianos radicados hacía algunos años en el pueblo y que venían desarrollando una labor social y misionera de tesón y sencillez. Federico Hotton y Emilia Revees deciden realizar un comedor popular en su casa para las familias más desprotegidas a causa de la crisis desatada.
La edición N°1458 del diario El Debate, del 27 de Agosto de 1914, lo refleja claramente y con ribetes muy ricos en información de época:
CUNDE EL BUEN EJEMPLO. COMIDA DIARIA PARA 100 POBRES. Altruismo de los esposos Hotton. Producida la generosa iniciativa de la familia Casentini, de la que nos ocupamos en otro lugar, el jefe del culto evangélico en nuestra ciudad señor Jorge Hotton y su esposa, han resuelto seguir el ejemplo y llevarlo aún más allá, porque beneficiará diariamente a numerosas familias. Los esposos Hotton han dispuesto establecer en su domicilio una cocina en la que se preparará comida para distribuir diaria y gratuitamente a 100 pobres. Esa comida será repartida desde el 1° de Septiembre próximo en el domicilio de los generosos donantes. Los pobres interesados, para tener derecho a esa comida deberán presentar un certificado de pobreza que será expedido en la Secretaría de la Intendencia Municipal desde hoy y durante las horas de oficina. Con ese certificado los esposos Hotton los incluirá en la lista para que puedan concurrir todos los días a retirar la comida. Tal es la verdadera caridad, que salvará por un tiempo de las torturas del hambre a numerosos seres que la aguda crisis ha sumido en la miseria. El buen ejemplo, como lo suponíamos, cunde y esperamos que se difunda más aún, sobre todo entre los vecinos pudientes, cuyos nombres asoman a los puntos de la pluma con ganas de extenderse sobre el papel para despertar sus sentimientos humanitarios”.
La propuesta de Hotton y Emilia Revees deja sorprendido no solo a la comunidad, también es disruptivo en cuanto a lo que se esperaba entonces de donde acude la ayuda social en casos como estos. A priori, más allá de las distintas iniciativas y formas en que se encauzaba la beneficencia en aquellos años, no se registran comedores populares en la localidad de Zárate, cuales actuales ollas populares, comedores infantiles o merenderos en los barrios más postergados, anteriores al gestado por el matrimonio Hotton-Revees. Este inédito comedor, situado como dice la nota en la casa particular de la familia, donde el doctor tenía su consulta en calle Belgrano 150 (hoy Belgrano esquina San Martín), cumplirá una función clave y será catalizadora para otras propuestas que comenzaron a surgir inmediatamente.
En cuanto al requisito del “certificado de pobreza” expedido por la intendencia, refiere a una ordenanza de entonces, la N°63 en vigencia desde 1908, donde se crea el “Registro de Pobres de Solemnidad” con el fin de “reglamentar la mendicidad y evitar los abusos de los que adoptan ese procedimiento como medio de vida”, según cita su texto. En Zárate, por ende, ser mendigo estaba regulado por la Municipalidad e inclusive había requisitos para serlo.
Tras el anuncio de los Hotton, la comunidad comienza a organizarse, se nombra una comisión popular, con integrantes de la intendencia y de particulares, para promover acciones tendientes a paliar la situación general:
“COMBATIENDO LA CRISIS. NOMBRAMIENTO DE UNA COMISION POPULAR. REUNIÓN EN LA INTENDENCIA. A favor de los desocupados. FORMACIÓN DE CUADRILLAS. JORNALES QUE SE PAGARAN. Donde deben inscribirse los trabajadores. “El periodo de crisis por que atravesamos, agravado por la falta de trabajo general en la República y sentida tan intensamente en nuestra localidad por paralización total o parcial de los establecimientos más importantes, constituye un serio problema que las autoridades todas se esfuerzan en resolver favorablemente en el más breve término…”
De esta forma se llega a estimar que la subsistencia de las familias pobres se encuentra asegurada por la iniciativa de los Hotton; y también por el aporte del Regimiento 8 de Infantería, situado por entonces en Zárate, donde sus jefes decidieron que los sobrantes y excesos de rancho diario, empiece a ser entregado a quienes lo necesiten. La Intendencia se reúne con representantes del Centro de Comercio e Industrias y varios de los más caracterizados vecinos, acuerdan que en conjunto se proporcionará trabajo a quienes quedaron cesanteados por los meses siguientes, pasado los cuales se estima reactiven nuevamente las principales fuentes laborales. ¿Cómo lo harán práctico?: formando cuadrillas para arreglo de calles y caminos del Partido. ¿De dónde salen los fondos? Esta comisión, compuesta por el intendente interino y destacados vecinos como Ustariz, Güerci, Calzado, Matteri y otros, disponen recolectar suscripciones públicas en todo el Partido, para pagar a las cuadrillas que se formen con desocupados. La cochería de “Güerci Hnos. y Compañía” pone a disposición sus coches en forma gratuita para quienes tengan que trasladarse a levantar dichas suscripciones de ayuda. A las cuadrillas se les pagará un modesto jornal más almuerzo, que si bien dicen no es mucho, los ayudaría a paliar la situación. El teatro Hispano Argentino, perteneciente a la Sociedad Española de Socorros Mutuos, pone a disposición su sala para dar allí funciones y espectáculos populares para seguir recaudando.
Y el efecto continuará sumando adeptos, como por ejemplo Pedro Pitrau, reconocido vecino y emprendedor tambero, donde los domingos donará leche, expendiéndola en el establecimiento que poseía en calle 19 de Marzo entre Independencia y Ameghino:
Y CONTINUA CUNDIENDO… OTRAS DONACIONES. “A la generosa idea de las familias Casentini y Hotton a favor de los pobres de nuestra ciudad se acaba de agregar otra: la del antiguo convecino señor Pedro Pitrau, que se ha presentado a la Intendencia Municipal ofreciendo la donación de treinta litros de lecha cada día domingo para distribuirlo entre los menesterosos…”
Así concluye el mes de agosto de 1914, revuelto por una crisis inusitada para la localidad. En septiembre se ponen en marcha plenamente las distintas iniciativas comentadas: Comedores populares, donaciones de pan y galleta, de leche, formación de cuadrillas de desocupados en todo el Partido para arreglar sus calles y caminos, las instituciones y privados aportando fondos para solventar todo. Notable.
Estas dificultades, que se presuponían momentáneas, no fueron tan así: se llevó todo el año. Recién para 1915 comienza a reactivarse la actividad frigorífica, principal fuente laboral del Partido, y con ello todo lo demás. De a poco, pasada la tormenta inicial y aún en guerra hasta 1918, los mercados comienzan a acomodarse y a reactivar paulatinamente el intercambio comercial que incita a la región local. De todas formas, los ecos de la Gran Guerra y las distintas acciones de instituciones de bien público locales siguieron a lo largo de esta. Su finalización fue festejada por todas las comunidades europeas de la localidad y sus sociedades de socorros mutuos, con caravana de numerosa convocatoria que recorrió las calles de la ciudad a plena algarabía. No era para menos.
Valga este caso, quizás, para ilustrar como una comunidad entera, a través de sus instituciones públicas, organizaciones de la sociedad civil y el empuje privado, se puede poner al hombro una situación para poder hacer frente a una crisis. Y como una acción, aunque modesta parezca, pero cargada de humildad y simbolismo, como la de ponerse a cocinar para los más necesitados tal lo hizo esta sencilla pareja de australianos convencidos y en tierras para ellos lejanas, puede aportar a activar lo que es capaz de hacer un pueblo cuando se enfoca en resolver una situación que lo embarga.
Y gracias a tantas y tantos quienes hoy día a día con su acción, quizás sin saberlo, están escribiendo las historias más maravillosas de nuestra comunidad: la de dar una mano, honesta y desinteresada, a quienes lo necesiten.
Despabilando! (que aún nos queda)
