Nos adentramos en cuestiones del antiguo frigorífico Smithfield, para sumergimos en una parte del proceso industrial que ya por entonces, inicios del siglo XX, generaba sus cuestionamientos y aceleró el desarrollo de ingeniería industrial asociada de la cual los frigoríficos estuvieron a la vanguardia, en este caso con el tratamiento de los residuos y desechos generados en el mismo proceso productivo.
Analizando los expedientes de época, muy bien conservados gracias a la labor del Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires “Dr. Ricardo Levene”, nos encontramos con el pedido elevado al Ministerio de Obras Públicas de la provincia por la firma The Smithfield and Argentine Meat Cía Lda. en el año 1904, solicitando aprobación de plano “para construcción del Frigorífico que la empresa va a construir en Zárate”. En él se puede apreciar el establecimiento con el que proyectó el inicio de sus actividades, detallando usos y construcción de los siguientes sectores: Mataderos, Edificio de coagulación, Hojalatería, Grasería, Esterilizador, Corrales, Galpón para sierras, Carpintería, la Caballeriza, Escritorio y Almacén, Calderas-Sala de Máquinas-Herrería y por último una aclaración que no pasará desapercibida por el Departamento de Ingenieros de la Provincia: “el desagüe de todos los residuos del establecimiento se hará al Río Paraná”.
Sin grandes observaciones para los aspectos de lay out y edificaciones, la nombrada repartición provincial hará foco sobre el tema desechos, y debe leerse “desagüe de todos los residuos” como aguas residuales de todo el proceso productivo (desde la entrada del ganado hasta la conformación del producto final) acompañado con restos sólidos, cuando no sumar los efluentes humanos y pluviales. Claramente pensaban todo mandarlo al río de una. Convengamos que es 1904 y la ingeniería ambiental no se planteaba como hoy, aunque de todas formas ya era un tema en ese campo productivo, basta con recordar que su precursora industria saladeril había sido legislada en la materia por el impacto de sus residuos en medio de las epidemias de cólera y fiebre amarilla, décadas atrás.
La empresa planea conducir los residuos en conductos de “pino tea alquitranado” y el grupo de ingenieros provinciales no solo objeta ese material sino la composición de los residuos. Dice: “(…) no siendo conveniente para la higiene que el desagüe se haga por conductos de madera, debe exigirse el empleo de cañerías de material vítreo ó fierro. La desembocadura del caño de desagüe en el Río Paraná debe colocare a un nivel inferior al de las más bajas mareas (…) En cuando a los residuos sólidos, como ser, estiércol, grasas, restos de carne, lanas, etc. que no deben ser arrojados al Rio, convendría conocer el destino que se dará ó el procedimiento que se empleará para su eliminación.”
Al cuestionarle el ‘que harán’ con los desechos sólidos que se entremezclan en los líquidos, genera una gran oportunidad para la empresa de avanzar en el tratamiento de sus residuos y posible aprovechamiento de los mismos. Si hubo una industria pionera y a la cabeza la ingeniería de procesos y organización industrial fueron justamente los frigoríficos. Y no fue por una cuestión ambiental, lógicamente, lo que impulsa a esta ‘mejora’ sino netamente económico-productivo. Es sabido que fueron estos emporios quienes primera vez aprovecharon el ganado en su totalidad para comercializarlo (carne, menudencias, sebo, grasa, cuero, cerdas, huesos, etc.) nada quedaba sin valorarse, pero ahora sumarán también los desperdicios para su beneficio. De alguna forma exprimiendo al máximo el principio de Lavoisier con aquello de “nada se pierde todo se transforma” con un “nada se pierde todo se aprovecha (vende)”.
Replantean así sistemas de drenajes, agregan cámaras de separación de residuos sólidos en los líquidos, colectan material para reprocesar y fabricar abono, separan las aguas servidas de las de lluvia, ente otras variantes técnicas. En informe adjunto del plano general de desagües presentado se explica mejor: “se ha colocado una planta de separadores en cada edificio, destinado a retener toda la materia sólida de las aguas antes de entrar a los caños. Existen dos razones para tratar las aguas de ese modo: la primera, para evitar que esa clase de materia entre al rio; la segunda que es de mucho valor, para fabricar una especie de abono. Se ha instalado una planta (denominada “Esterilizador” en los planos), para secar y pulverizar esta materia para exportación”. Y además: “La materia no dijerida y el estiércol que se encuentra al faenar el animal pasa por gravitación al edificio, al lado del Matadero, donde caerá a zorras de fierro a propósito, por cuyo medio será llevado a parte de los campos de la Compañia para emplearlo como abono”.
Un desagüe general, ahora construido en mampostería y portland, llevará el agua ya ‘tratada’ hasta el Río Paraná de las Palmas. La ingeniería se aprueba, el frigorífico termina por construirse y se pone en marcha en 1905.
La industria frigorífica supo tener en el Partido de Zárate hasta tres establecimientos de estos en gran envergadura funcionando simultáneamente; el Frigorífico Smithfield fue uno de ellos, que indudablemente a lo largo de todo el siglo XX será el más importante y referente del caso. Hoy solo quedan sus ruinas. Ruinas de una industria que aprovechó sus residuos en beneficio propio, y ahora es aprovechado sus vestigios por nuevas propuestas de capitales de otros intereses, en esta curiosa rueda de retruécanos paradojales del destino y la historia.
Despabilando! (que aún nos queda).
