Es archiconocido escuchar que el colectivo es un invento argentino, jactándose un grupo de tacheros porteños haberlo inventado en 1928. Pero, hete aquí diría Berugo, un hallazgo del zarateño Martín Caissón que… ¿lo hizo antes? Un 30 de octubre de 1920, por las calles de Zárate, se liberaba un servicio de ómnibus automóvil fabricado en la localidad.
La familia Caissón ya se dedicaba al servicio de cocherías y fúnebre en el siglo XIX, inclusive tenía su fábrica de cajones mortuorios en el pueblo. A finales de esa centuria ya existían en Zárate el servicio de coches y carruajes de alquiler, con tracción a sangre desde luego. Para la década de 1910 ya se popularizan los ómnibus en el país (que en Capital era la alternativa que intentaba competir con el popular tranvía). Estos, básicamente, era amplios carrozados con tracción animal que llevaban varios pasajeros a la vez. En nuestra localidad los que marchan al frente son los hermanos Güerci, con algunos servicios diarios desde distintos puntos céntricos como la plaza Mitre o la plaza Italia hasta las estaciones ferroviarias del pueblo, con frecuencias calculadas solo para la partida y llegada de trenes, además de prestar servicios particulares. Por otro lado, hacia finales de esa década ya aparecen los primeros autos en la ciudad y con ello también los servicios de automóviles de alquiler. Por lo cual lo que ahora conocemos por taxis y remises ya existían en un Zárate con alrededor de 20.000 habitantes y creciendo a buen ritmo, la demanda de transporte urbano de personas no es ajeno a ello.
Ahora bien, ¿Qué terminó siendo la modalidad de transporte “colectivo” sino la combinación de aquellos ómnibus, pero ya auto-motorizados como servicio con horarios y recorridos?
En 1919 Martín Caissón compra la cochería de los Güerci, anunciando ampliación de servicios y viajes de ‘larga distancia’. En enero de 1920, Caissón innova y agrega a los ómnibus un guarda en el interior de los mismos, encargado de percibir el importa del viaje a fin de evitar demoras e inconvenientes. Con éxito continúa su empresa y es en octubre que anuncia la construcción en sus talleres de un “ómnibus automóvil” que se presenta: “iluminado a luz eléctrica, apropiado lo mismo para la época de los calores como para invierno”, con recorrido por el casco céntrico de la ciudad para cumplir con los horarios de los trenes, y además servicios hasta el cementerio.
El sábado 30 de octubre de 1920 inicia su auspiciosa propuesta, con un precio de 30 centavos sale desde su base en Rivadavia y Justa Lima, recorrerá las actuales Roca, Castelli, Justa Lima de Atucha, Ameghino, Brown, Independencia, 19 de Marzo, Belgrano, Justa Lima nuevamente hacia Rivadavia y por esta hasta Anta para alcanzar la estación ferroviaria. Seis servicios diarios de ida y de vuelta. Y viajes al cementerio a 50 centavos el pasaje.
Lamentablemente no contamos con imágenes de cómo pudo haber sido lucido aquella máquina automóvil fabricada en el céntrico taller de Caissón, unos ocho años antes de que se tribute como oficial la aparición del colectivo en Capital Federal como lo presume la historia popular. Lo cierto que hace más de 100 años se liberaba este llamativo servicio en Zárate, antecedente claro de transporte automotor colectivo.
Para regocijo chauvinista de nuestra zarateñidad, ¿será otro motivo del cual jactarnos ante los foráneos incrédulos de nuestras asombrosas hazañas? La que faltaba: ¡éramos pocos e inventamos el bondi!
Despabilando! (que aún nos queda)