Viernes 23 de Enero del 2026

El primero de los Expósito. Artista, formador e impulsor cultural de nuestra comunidad

Publicado el 25/02/2022 por Damián Vidal

Mucho se ha dicho, y con justa razón, de la impronta que los hermanos Expósito, Homero y Virgilio, han dejado a la música popular Argentina, y más puntualmente en el tango, como parte de un selecto grupo que en los años ‘40 transformaron el género para siempre. Sin embargo, una figura extraordinaria suele pasar desapercibida: su padre. Es imposible pensar o analizar la obra de Homero y Virgilio Expósito en profundidad si no se tiene en cuenta quien los ha guiado y marcado fuertemente para alcanzar su buen ganado prestigio. Más aún, su labor ha sido de gran relevancia en el ámbito artístico-cultural de nuestra comunidad en la primera mitad del siglo XX.

Manuel Juan Expósito nació el día de navidad de 1889 y fue criado en la histórica Casa de Niños Expósitos (hoy Hospital General de Niños Doctor Pedro de Elizalde, la ex Casa Cuna, en el barrio porteño de Constitución), hogar donde iban a parar justamente los ex-pósitos, los recién nacidos abandonados.

El destino (y sus jóvenes decisiones) hace que llegue a Zárate y aquí se quede para siempre. Se emplea los ferry boats, donde entre sus obreros se hizo fuerte la anarquista Federación Obrera Marítima, a su vez ya había aprendido la labor de pastelero y panadero, por lo que también trabajará luego en una panadería local, la de Pascual Franceschi. Así, inquieto y en un ámbito de oficios con claras influencias ácratas, van modelando también su formación artística, de riqueza lectora y prolífica escritura. 

Poeta, actor y autor teatral. Forma por la década de 1910 el “Cuadro Filodramático Enrique Muiño”, el cual fue, quizás, el primer grupo formalmente establecido del que se tenga registro en el teatro zarateño. De gran repercusión y actuaciones por localidades vecinas, este grupo ponía en escena tanto clásicos del teatro como obras propias, y es allí donde se destacaba justamente Manuel, además de actor como autor, de obras tales como ‘La Casita Sola’ (drama en 3 actos) o ‘Sangre gitana’, por nombrar algunas.

Años más tarde se lanza a su emprendimiento más importante: la mítica Confitería Mimo. Fundada junto a su esposa y trabajada en familia también con sus hijos, en la cual, además de destacada pastelería, cafetería y otras delicias gastronómicas, innovará creando un ámbito artístico-cultural donde se gestará en la década del ’30 y del ’40 a los principales exponentes de una generación que irá a desembarcar a la Capital para revolucionar gran parte de la música popular a una nueva era. Estamos hablando de nombres como de Pontier, Francini, Stampone, Tito Alberti y tantos otros de trascendente futuro en la escena nacional.

Seguirá escribiendo, seguirá fomentando y formando organizaciones en diversas expresiones artísticas, en un Zárate que hervía de artistas de toda índole. Muere en febrero de 1957. Como dicen unas líneas poéticas suyas, que se exponen en el mármol de la bóveda familiar, a modo de epitafio: “Esperar! Esperar… palabra vana! Qué se puede esperar sino la muerte!” 

Con la agudeza de sabernos mortal, el quid de la cuestión está en el quehacer mientras aún no llega ese inevitable final. Manuel Juan lo supo bien, creando una obra artística destacable, precursor de grandes bases del arte escénico en la localidad, sosteniendo un espacio cultural que aunó figuras que marcaron para siempre la música popular argentina. De fuertes convicciones y disciplina de estudio, vocación y compromiso con lo que se hace, fue parte de su legado. 

Aún hoy su cuantiosa obra, en poder de sus descendientes, sigue deseosa de ser explorada para descubrir sin duda a uno de los grandes valores que ha dado nuestra comunidad, y que ni el tiempo ni el olvido deben dejar pasar.

Despabilando! (que aún nos queda)

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