El campo en flor. La mano de la agricultura. Una marcha silenciosa empujando desde fuera de las ciudades. Una forma de país que lleva centurias, tradiciones y ciencia. El sol que riega brotes con la energía que todo lo transforma. Y las mañanas que prometen sudor de ardua jornada, con tardes que esperancen la buena temporada porvenir…
El Tatú, referencia rural histórica, tomando su nombre de una variante de armadillo -o mulita-, propia de nuestras pampas. Ya desde tiempos de jesuitas, con los distintos puestos de su extensísima estancia, toma el nombre que identifica al paraje. Crecido con el tiempo a la vera del viejo camino a San Antonio de Areco, por sus emprendimientos agropecuarios que terminaron generando un importante núcleo poblacional en el suroeste del Partido de Zárate. Llegado a contar con almacenes de campo, estafeta postal, escuela y otros centros de sociabilidad. Hoy con su más conocida referencia en el trazado de la Ruta Provincial Nº31, las Escuela Agropecuaria El Tatú en primaria y secundaria, y la llamativa iglesia campestre Nuestra Señora de Vladimir, enarbolando un paraje rural único, donde se sigue desarrollando la pujante actividad agropecuaria de siempre en la región.