Jueves 22 de Enero del 2026

Estación Atucha

Publicado el 14/03/2022 por Damián Vidal

Probablemente sea la Estación Atucha la menos conocida, en especial su historia, de las estaciones ferroviarias del Partido De Zárate. Siendo la típica estación impulsada por la actividad agrícola en la Pampa Bonaerense y que dependía fuertemente de la forma de explotación de los campos concentrados en un solo terrateniente: Atucha.

El paraje Atucha, situado en el viejo camino a Baradero unos pocos kilómetros antes del límite del Partido con el Río Areco, comienza su toponimia con José Atucha. Este se casa en segundas nupcias con Justa Lima, quién sus progenitores ya poseían grandes porciones de tierras para explotación agropecuaria en el norte del partido. Atucha comprará más campos en la zona y junto a su esposa tendrán grandísimas extensiones para la segunda mitad del siglo XIX. Fallecido Atucha en 1874, Justa Lima de Atucha queda al mando de las estancias y al poco tiempo tomará relevancia su hijastro, Florencio Atucha, fruto del primer matrimonio de José. A finales del siglo, tras largos años de deteriorarse su salud, Justa Lima fallece (1899) y queda en Florencio las propiedades y explotaciones, no sin un largo litigio por la herencia entre este y los sobrinos de Justa Lima, que terminó siendo de resuene nacional, pues una de las más importantes fortunas del país se dirimía en ese pleito judicial.

Cuestión que Florencio Atucha toma el mando en el negocio agropecuario, centrándose en la parte agrícola, en especial con el maíz. Atucha será uno de los mejoradores de este cereal en Argentina, logrando con los años que su tipo sea catalogado en el mercado de granos como <<Selección Atucha>>, con premiaciones en distintas partes del mundo. Con la modalidad de explotación con los llamados “colonos”: familias a las que se les arrendaba fracciones de tierras de las mismas estancias del patrón, para que las trabajen. No sin críticas por lo leonino que muchas veces implicaban los contratos, como por ejemplo en 1912 en el marco del alcance nacional de los que fue el llamado ‘Grito de Alcorta’, se levantaron muchos de los colonos de Atucha por lo desventajoso de los contratos e impulsaron crear la primera cooperativa agrícola en la zona.

Volviendo al tema ferroviario, la necesidad de una estación inmediata para el acopio y carga de las producciones es marcada ya en 1902, año en que se emite la solicitud para construir la misma. Se fundamenta por lo costoso de recorrer las distancias de dos leguas para despachar los productos agrícolas hasta las inmediatas estación Alsina y estación Lima por los siempre deteriorados caminos rurales, y más en épocas de lluvias. Se sugiere ponerle el nombre de “Arroyo Areco”, dado que no se tenía otra referencia de la zona. El terreno donde se erige el cuadro de estación es donado por el mismo Florencio Atucha al Ferrocarril Buenos Aires y Rosario (FCBAR). Se construye la estación durante 1903. Finalmente, en febrero de 1904 se libera al servicio, comenzando a operar así la Estación Arroyo Areco, en el kilómetro 120,700 de la línea.

¿En qué momento pasa a llamarse Estación Atucha? Cuatro años más tarde. Ya por entonces el paraje contaba con escuela, almacén de campo, habían crecido las explotaciones agrícolas y su población, y en 1907 Florencio Atucha impulsa la fundación de la <<Colonia Atucha>>, ubicada frente a la estación, tratándose de un establecimiento destinado a escuela elemental y de oficios rurales para niños y niñas de la provincia de Buenos Aires huérfanos y en situación de desamparo, además de la educación de los hijos e hijas de los colonos del lugar. Formando así también mano de obra especializada para la economía agropecuaria.

Con este marco en 1908, pronto a inaugurarse la citada “Colonia”, el representante de la misma, presbítero Bernabé Pedernera, solicita al Ministerio de Obras Públicas de la Nación el cambio de nombre de la estación, fundamentándose en tres cosas: Que Florencio Atucha cedió gratuitamente al FCBAR toda la franja de tierras para el trazado de vías original que cruzó por sus campos y luego los terrenos para el cuadro de la estación; que estando pronto a inaugurarse la colonia donada por Atucha era menester hacer justicia y honrar con su nombre a la estación ferroviaria, y por último un curioso tema que merecía solución: existían ya la estación Areco y la estación Arroyo Seco y a veces daba lugar a confusiones y prejuicios tales como correspondencia y cargas con destino a la misma Arroyo Areco que seguían de largo e iban para Arroyo Seco, separadas unos 150 kilómetros en la misma línea a Rosario, por la semejanza fonética y ortográfica entre una y otra, solía confundir a algún despistado despachante ferroviario. Para salvar esto era mejor cambiar el nombre por uno bien diferenciado y que de paso honre al “terrateniente benefactor” del lugar. Se aprueba el cambio y en Julio de 1908 la estación Arroyo Areco pasa a llamarse, ahora sí: Estación Atucha.

Vivió su esplendor y crecimiento apenas dos décadas más. Llegando a contar con, aparte del edificio principal, dos galpones (de cargas y de acopio de cereales), casa para el segundo jefe y casa para camineros. Habilitada para pasajeros, encomienda, cargas y telégrafo, pero nunca para hacienda. De hecho, no tuvo corrales a pesar de intentos porque así sea, como en 1925 que se desestima el pedido de Hernán Ayerza y Bernabé Carabassa, reconocidos estancieros del lugar, para la construcción de corral con brete y desvío para cargar ganado, por considerarse escaso el despacho que puede tener de este tráfico.

La década del ’30 trae consigo impactos que serán letales para la estación. La crisis mundial, y de capitales para el ferrocarril, la muerte de Florencio Atucha en 1934 que va a implicar cambios en el modelo de explotación de sus campos, y también el fin del modelo de país con el fin del viento de cola para el régimen agroexportador. Sumado al avance automotor para el trasporte de cargas, comienza a ir en baja el uso por la vía ferroviaria, prueba de esto podemos ver que, en 1949, ya nacionalizado bajo la órbita del Ferrocarril General Bartolomé Mitre (FCGM), se decide levantar y trasladar un galpón existente “en la playa de la estación Atucha, donde actualmente no presta utilidad”, a la Estación Chucul, en el pequeño poblado homónimo del centro sur de Córdoba, cerca de Río Cuarto, donde les era más útil y necesario tenerlo. Claramente la suerte de Estación Atucha estaba sentenciada. Y si aún quedaba un núcleo poblacional que podía demandar servicio de pasajeros, este comenzará adoptar de a poco por otra modalidad que gana terreno: el ómnibus. En 1938 se había habilitado un servicio de la línea local de Zárate, que extendía sus servicios más allá de Las Palmas y Lima, alcanzando el paraje Atucha.

Transcurrió desde la mitad del siglo XX languideciendo de a poco, casi sin carga y con magro movimiento de pasajeros por la migración de los habitantes del paraje al requerirse cada vez menos mano de obra rural. Al igual que estación Las Palmas queda casi como un apeadero de algunos servicios, hasta principios de la década de 1990, cesando de sus funciones sin aparecer en los nuevos diagramas en el cambio de operadores ferroviarios de esos años. Abandonándose, comenzando la depredación de sus partes y ganando la naturaleza el lugar.

Entrado este siglo, ya derrumbada gran parte de las construcciones, se recupera parcialmente lo que fue la casa de camineros, con fondos donados por los descendientes de la familia Atucha, para que allí funciones un destacamento de policía rural por algunos años, hoy ya abandonado todo de nuevo.

Ilustra este posteo nueve fotos: las pocas paredes que quedan de pie del edificio principal entre la imponente vegetación, lo mismo para lo que era la casa del 2do jefe, la vía auxiliar a donde estaban los galpones, enterrada que apenas se deja ver, y las bases que quedan del galpón de carga, sus espárragos para anclaje y escalera ladrillera de acceso, lo que fue la casa de camineros -luego recuperado por un tiempo como destacamento policial- y uno de los paso a nivel, a modo de cierre y despedida del lugar.

Una joya histórica ferroviaria y del partido de Zárate que se pierde en medio de los campos, caminos y montes, de los rincones de nuestra inmensa geografía. Y merece ser puesta en escena para tomar dimensión de otra historia grande que aún merece ser contada y preservada.

Despabilando! (que aún nos queda)

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