Domingo 05 de Abril del 2026

Estación Las Palmas

Publicado el 10/09/2021 por Damián Vidal

La Estación Las Palmas es un gran ejemplo para ilustrar la relación ferrocarril-centro productivo y su vínculo luego con lo geográfico poblacional.

El paraje Las Palmas, como referencia del partido de Zárate, tiene su origen muy anterior a este, destacándose en el lugar la estancia Las Palmas y su larga historia desde época colonial. Pero buscar el origen ferroviario requerirá ir a mediados de la década de 1880 cuando se empieza a instalar por allí, a la vera del río, el frigorífico Las Palmas, de capitales ingleses. Comenzando sus operaciones como una congeladora de relativa baja escala.

A los pocos años, con el negocio de exportación de carnes en constante aumento, el grupo empresario dueño del frigorífico (y flota naviera para logística de su producción) se fusionará con otros capitales decididos a lanzarse fuertemente al mercado, crecer su emporio e impulsarse como uno de los principales en el país. Para ampliar la capacidad productiva ya no puede sostener su input solamente con ganado de los campos cercanos o por arreo de centros inmediatos, la necesidad de grandes cantidades obliga a la necesidad ferroviaria para abastecerse de distintos puntos de la pampa húmeda. Por ello en 1894 solicitan un desvío en la línea del entonces ferrocarril Buenos Aires y Rosario, para así recibir ganado a escala por esta vía. Este se aprueba, construye y comienza a ser operativo en febrero de 1895, naciendo primero, de esta forma, el desvío Las Palmas en el kilómetro 104,990 del FCBAR.

Dado el crecimiento firme de la actividad frigorífica y del impulso agropecuario de la zona, -en un país que vivía el auge agroexportador-, y del lógico crecimiento poblacional que todo esto generó por la mano de obra y familias que se asientan, las demandas de transporte y servicios crecen. Así pues, en 1897 el desvío pasa a ser ‘desvío público’, pudiendo ahora operar con cargas para particulares más allá del frigorífico. El paso siguiente, necesariamente, será la creación de una estación, la que resulta ya imprescindible.

La solicitud está firmada por el frigorífico Las Palmas y dos grandes estancieros: Benito Villanueva (hacendado, político y dueño en un momento de la estancia Las Palmas) y Carlos Salas, propietario de otro gran establecimiento agropecuario del lugar: la Estancia San Antonio. Con esas tres figuras demandando la construcción de una estación muestra a las claras la vinculación del negocio ferroviario con el tráfico demandante de servicio y su poder influyente. En 1898 se comienza su construcción y en marzo de 1899 se firma el decreto que libera el servicio público. Así se inaugura la flamante estación Las Palmas en el Km 104,200 de la línea.

La demanda no paró de crecer. En los primeros años multiplicó sustancialmente la carga de ganado recibida y la carga de cereales despachados, acompañado por los avances del frigorífico que innovó tecnológicamente sus procesos y el campo que mejoró la producción al contar con mayores capacidades de acopio y despacho. Aumento de mano de obra, por ende, aumento del núcleo poblacional, formándose un interesante poblado principalmente entorno a la fábrica. Se triplica la cantidad de pasajeros transportados en pocos años. En las primeras décadas del siglo XX la estación encuentra su apogeo, ensanchándose, ampliando servicios, rampas, corrales, nuevos desvíos en su cuadro, casa para empleados y camineros. Habilitada la misma para pasajeros, cargas, encomiendas, telégrafo y hacienda.

A mediados de la década del ’20 sufre un cimbronazo al ver disminuida significativamente su actividad por la reducción drástica de la operación del frigorífico, el cual ya estaba desde la década anterior en las mismas manos societarias que el frigorífico Anglo, de Campana. El predominio de capitales ingleses en la industria de la carne había perdido mucho terreno y comenzaba a sentirse su efecto. El histórico establecimiento de Campana cierra sus puertas para 1926. Unos años más tarde se acentuó el final del frigorífico Las Palmas. Esto, para la estación, fue letal en cuanto al negocio ferroviario (la carga).

Sin embargo, aunque algo disminuido, para pasajeros continuó con su tráfico, dado el núcleo poblacional creado. Pero, lógicamente, no será por mucho tiempo sino hasta mediados de siglo, cuando ya sin actividad industrial que demande movimiento ferroviario, ni de la misma forma transporte para la producción agropecuaria por avance en la modalidad automotor, más la lenta migración del poblado en búsqueda de nuevas oportunidades, la estación languideció. Quedando casi como un apeadero de algunos servicios, hasta principios de la década de 1990. Cesando de sus funciones sin aparecer en los nuevos itinerarios ni diagramas en el cambio de operadores ferroviarios de esos años. Condenándose al abandono, depredación de sus partes, derrumbes y ganando la naturaleza el lugar, hoy apenas unas paredes quedan de pie y el viejo molino.

Ilustra este posteo su cartel, paredes y aberturas entre la vegetación, el molino y su pozo, ladrillo original con sello de firma inglesa y la sigla del FCBAR. Cómo rastros de la historia para empezar a sacarle la maleza del olvido, y ponerla en escena para descubrir uno de los lugares más significativos en la historia de nuestra región.

Despabilando! (que aún nos queda)

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