Viernes 23 de Enero del 2026

Juan Lamaglia y Sra.

Publicado el 02/10/2020 por Damián Vidal

Miramos la película ‘Juan Lamaglia y Sra.’, rodada en Zárate y estrenada en 1970, del renombrado cineasta zarateño Raúl de la Torre. En ella focalizamos en observaciones ferroviarias, industriales y otras perlas de un Zárate de hace 50 años: sin puente Zárate-Brazo Largo, antiguas locomotoras y fábricas abandonadas, estaciones que ya no existen y otras curiosidades

“Juan Lamaglia y Sra.” Miradas sobre perlas ferro-industriales y otras delicias, de un Zárate 1970.

En 1970 se estrenaba el primer largometraje en que el cineasta zarateño, de renombre nacional, Raúl de la Torre se ponía al frente en solitario, con su dirección y realización general. Retratando el rutinario y casi decadente día a día de una pareja de clase media alta en su ‘deber ser’ conforme a las épocas, en una pequeña ciudad de provincia (actúan Pepe Soriano, Julia Von Grolman y Nacha Guevara, como para dar algunos nombres). “Juan Lamaglia y Sra.”, rodada íntegramente en Zárate, terminará siendo galardonada en varios festivales nacionales y en el exterior, e inaugura la entrada grande de De la Torre a la industria cinematográfica argentina.

En esta oportunidad desde Despabilando! (reconocidos fans del ferrocarril y esas cosillas), haremos un repaso del film focalizando la mirada en cinco pasajes ferro-industriales que permitirá, en especial a las generaciones sub-50, tener imágenes “vivas y a color” de cuestiones que, o bien las escuchamos, o vimos en fotos, o nos quedaron como relato. Y para los maj-50, sin dudas, el revivir otras que seguramente los quedaron guardadas en sus cofres emocionales. Porque, repito, una cosa es una foto o un recuerdo anecdótico, y otra es poder ver hoy una imagen en movimiento de entonces. Juan Lamaglia y Sra. es una joya que supo guiar Raúl de la Torre dejando un magnífico registro fílmico del Zárate de entonces. Ahí vamos…

Tras los créditos iniciales (con varios reconocidos nombres locales), apertura con un espectacular toma de amanecer hacia el río, las islas y la bruma característica. Un gran plano general extenso, de 2 minutos, -interminable al principio y no querés que termine al final-, del sol levantando al horizonte acompañado de un sonar de piano casi como canción de cuna, que te sumerge a la apacibilidad de pueblo que narrará la historia. Y la primer imagen inhabitual para detenerse un largo rato: el río, el frigorífico echando humo, pero sin el puente Zárate-Brazo Largo que lo cruce por encima. Claro, recién para finales de 1970 se hará la inauguración de obras y comenzarían los movimientos de suelo. Así que aún, en el momento del rodaje del film, el Complejo Ferrovial Zárate-Brazo Largo no era más que un proyecto sin destrabar burocráticamente. Es extraño eso de mirar hacia el puente y no ver el puente. Pero estamos en Zárate. Paneo a una ciudad aun dormida y mansa.

Trascurriendo la media hora, donde se aprecian viejos negocios céntricos, el Teatro Coliseo, la bajada al Club Náutico, charlas de los personajes acerca de la Central Nuclear Atucha en construcción, la Galería CADU a pleno, y el “castillo de Ferrari” en calle Dorrego; llegamos a una escena con un hallazgo fantástico para los ferroaficionados: caminata sobre ruinas de parte de la fábrica de productos químicos La Diana (o ya para entonces la “Meteor”, bajo la Cooperativa de Trabajo Zárate Limitada).

Por allí aparece una de las locomotoras abandonadas de su tendido en trocha menor a un metro que llegaba hasta el rio. Esta pequeña locomotora vapor es una Orenstein & Koppel con disposición de ejes 0-4-0, de 20 HP de potencia, lo más convencional en material tractivo para esos sistemas industriales. La Diana, propiedad de la familia Palma, que había comenzado a operar previamente como Fábrica Nacional de Dinamita a finales del siglo XIX, para la década del 1910 iba alcanzando su mayor esplendor. Fue cuando hizo construir un pequeño tendido industrial de aprox. 3000 metros que iba desde cercanías del desvío Km 96 del Ferrocarril Central Argentino hasta el muelle de su propiedad (hoy zona de TZ) atravesando, lógicamente, por su establecimiento fabril. Esta Koppel, para entonces, ya estaba en uso en Zárate, junto a otra locomotora supo tener La Diana que era a combustión interna. Se desconoce el destino que han tenido a suerte dichas máquinas. La que aparece en la película, al menos hasta a década de 1970, estuvo abandonada en el lugar, que es donde De la Torre la logra filmar.

Unos minutos más tarde de la película, se puede apreciar desde la parte superior de las barrancas, en dirección al río, otra maravillosa postal viva: una larga formación de carga yendo hacia atracadero de los ferry-boats, por el tendido del Bajo, cruzando frente al frigorífico Smithfield (ya para entonces Cooperativa Martín Fierro) funcionando a pleno. La vista es desde el barrio Smithfield, inclusive se pueden apreciar los techos de aquellos chalets ingleses. 

Para todos aquellos que no hemos tenido la oportunidad de vivir esa experiencia es un hallazgo fantástico ver correr trenes hacia la Mesopotamia por donde ahora circulan algunos vehículos entre microbasurales y caminos abandonados, más la magnitud del frigorífico que puesto en construcción para 1903 fue durante muchas décadas uno de los principales motores de la economía local, hoy convertida sus paredes depredadas en exclusivos proyectos inmobiliarios, o más chévere decirlo así: ‘desarrollos urbanísticos’. Magnífica toma que decide plasmar De la Torre, entre el río, el bañado, el ferrocarril y el frigorífico, reflejando tranquilamente en un solo plano, media historia zarateña para los tiempos.

Luego vendrá la Quinta La Azucena (de propiedad del mismo director, en el deslinde de la barranca y la Ituzaingó), la Quinta Jovita, el arroyo Ñacurutú, todos espacios icónicos de nuestra geografía e historia que pasan en el hilvanado de actos bien guionados. 

Alcanzando la hora del film llegamos a la zona de Las Palmas. Otro emblemático espacio-tiempo de nuestra identidad local. Primero la legendaria Estancia Las Palmas, con toda su tradición a cuestas. Estancia que viene siendo referencia de estas tierras desde tiempos de los jesuitas y que fue parte del clan familiar de antepasados del mismo De la Torre hasta finales del siglo XIX. Un regalo que nos deja el director es poder conocerla por dentro, inclusive de la casona principal misma, aunque sea unos minutos, algo que ya de por sí resulta de muy difícil acceso al ciudadano común.

Y ahora sí, tras la estancia aparece otra perla ferroviaria preciosa: Estación Las Palmas. Se la puede apreciar impecable y a todo color, con el cerco en el frente, el andén, alero, cenefas, bancos, la cartelería y hasta la balanza para pesar encomiendas y equipaje reposa en sus instalaciones, en el atardecer armonioso que capta la cámara. 

‘Las Palmas’, como singularidad ferroviaria, fue librada al servicio, primeramente, como desvío particular del frigorífico homónimo en 1895, y en 1899 se inaugura finalmente la estación. Ya para el momento del rodaje de estas escenas, prácticamente se encontraba con magra actividad, pero verla tan pintoresca es un hallazgo hermoso del cual poco registros quedan y que aquí nos dejan degustar de este cuadro; pues la estación canceló definitivamente su actividad a principios de la década de 1990, de allí a hoy la naturaleza fue ganando su predio, sumado al abandono y la vandalización que han hecho que solo queden algunas paredes internas de pie, ladrillos diseminados, parte de la estructura del molino y el cartel nomenclador. Una verdadera pérdida que esperamos no termine por desaparecer por completo ante la indiferente mirada de su vecino de enfrente, y nueva estrella del paraje, el distintivo country Puerto Panal.

Antes del final, tras un paso por la vieja terminal de calle Brown, la escena se desarrolla en Estación Zárate (con el playón abierto en el frente y su pedregullo), llena de gente, con el alambrado divisorio entre vías y una serie de vagones de cargas en vías auxiliares, cosas que hoy nos parezcan curiosas pues desde décadas no hay ni alambrado, ni actividad de cargas. Y como fin de la escena, siempre desde el punto de vista ferroviario, un pase a toda marcha de convoy con locomotora esquema Ferrocarriles Argentinos, coches furgón encomienda y pasajeros. Probablemente un servicio a Rosario o a San Pedro, sin escala en la localidad.

Casi como epílogo, tras el clímax cinematográfico, el director nos deja un cierre con un Zárate cotidiano. Acompasado. Reflejando esa transición pueblo-ciudad de época. Con imágenes diarias, como registros que, aunque parecieran triviales, nos dan un guiño 50 años después de nuestra habitualidad, si se lo mira filosa y agudamente. Juan Lamaglia y Sra. permite muchísimos análisis, más en estos tiempos de revisión de muchas de nuestras conductas y vínculos personales, sociales, inclusive de género y de las máscaras sociales (no es azaroso la elección del tratamiento que muestra el director a esto puntos).

Raúl De la Torre falleció en Zárate mismo, en el año 2010. Con una gran labor en su haber, muchas de las cuales siguió rodando aquí o referenciando a su terruño natal de alguna u otra forma (‘Funes, un gran amor’ de 1993 es quizás su obra maestra -sin desperdicio alguno-, como cúlmine de este proceso). Por mi parte me quedo con la idea de que sabía lo que estaba haciendo, como artista, como una especie de Pulgarcito local, fue dejando esas migas en sus obras para los tiempos venideros, para que descubramos y vayamos siguiendo el camino que nos lleve a mirarnos al espejo y reconocernos. Que los pájaros del olvido no se coman por completo nuestros rastros de identidad.

Despabilando! (que aún nos queda)

Data: Para ver la peli completa hace click acá: https://www.youtube.com/watch?v=0n1f0hEQpm0

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