Jueves 22 de Enero del 2026

La Sociedad Austro-Húngara

Publicado el 13/07/2021 por Damián Vidal

La Unión Austro-Húngara fue fundada el 2 de junio de 1895, para aunar y dar asistencia, como era propio de estas entidades de socorro mutuo, a la comunidad de aquel singular estado del centro-este europeo. Estado el cual fue creado en 1867 como Imperio Austro-Húngaro al reconocerse el reino de Hungría como par del Imperio Austríaco. En el último cuarto del siglo XIX aumentó la llegada de inmigrantes de aquellos lares, muchos de los cuales traían las nuevas ideas sociales y políticas de una Europa revolucionada con el fenómeno de la industrialización y el proletario.

Su propia sede social estaba en calle Rómulo Noya al 600, casi esquina San Martín. Como rezaba su estatuto: “pueden ser socios de la <<Unión Austro Húngara>> todos los súbditos austro-húngaros é hijos de estos, como también los súbditos del Gran Ducado de Luxemburgo y sus hijos”. Por ende, la colectividad de ese “imperio” era amplia, pues agrupaba personas de diversas culturas y naciones preexistente, aunque la mayoría eran austríacos, aunaba también a croatas, húngaros, serbios, eslovenos, rumanos, checos, polacos, ucranianos, del norte italiano, hasta de Luxemburgo; una mezcolanza de aquellas, de las tantas que ofrece la loca historia geopolítica del mundo. Nada de esto fue impedimento para que se organizasen y lleven a cabo una gran labor social y comunitaria en los años que estuvo activa.

En 1895, año de su fundación, el censo nacional registraba una centena de personas austro-húngaras. Años más tarde superaban los trescientos en el partido de Zárate, repartidos tanto en la parte urbana (principalmente como obreros fabriles) como una parte sustanciosa en el área rural trabajando en explotaciones agropecuarias.

Esta creciente comunidad, con sus nuevas demandas, impulsó a la Unión Austro-Húngara a la construcción de su panteón social en el cementerio local. Tarea llevada a cabo en 1905 por el constructor Francisco Vanni, según marca un sello de mármol al pie de una de sus paredes. Siendo esta edificación una de los más antiguas de sociedades de socorros mutuos y única con la particular disposición de tener todos sus nichos a nivel inferior del suelo. Aún se conserva la cúpula vidriada corrediza sobre guías de hierro y el brazo pivotante donde, con cuerdas y poleas, se bajaban los ataúdes hasta ese nivel para depositarse correspondientemente, siendo el único ingreso para los mismos, ya que del frente del panteón se dificulta por las dimensiones que tiene y la inmediata escalera descendente. Otro detalle distintivo que ornamenta su exclusiva arquitectura es un águila coronando la entrada con la inscripción “Salve”.

Al estallar la primera guerra mundial, siendo su detonante justamente eventos acaecidos en el nombrado imperio, en Zárate la Unión Austro Húngara se encuentra en plena de actividad con sus asociados, que además del centro social presta registro médico asistencial, socorros distribuidos e inclusive pensiones acordadas con los mismos.

Finalizada la llamada ‘Gran Guerra’ el imperio se disuelve en 1919, pero la sociedad en Zárate sigue igual. De hecho, estará activa varias décadas más, bajo la misma denominación y forma, hasta pasada la mitad del siglo XX, marcando claramente el vínculo y espíritu de las personas que la formaron más allá de los desencuentros políticos y nacionalistas. Existen sepulturas que datan de la década de 1960, probablemente sean las últimas realizadas. 

En septiembre de 1970, ya languidecida la época del fulgor asistencial de las sociedades de socorros mutuos, se fusionó junto a otras entidades como la Sociedad Franco Belga Suiza, la Sociedad Francesa de Socorros Mutuos y la Sociedad Argentina, creándose así entre ellas la Sociedad de Socorros Mutuos de Zárate.

Aún de pie, esta singular construcción de nuestra necrópolis, alberga el reposo de varias camadas de inmigrantes que han forjado cimientos fuertes, laboriosos y perennes en Zárate. Rescatarla del abandono (al menos en la memoria colectiva) es tarea de todos quienes creemos que las banderas no son más que artilugios para separar a las personas, cosas que los que formaron esta sociedad, aún con sus variados orígenes, supieron sortear para el bien común.

Despabilando! (que aún nos queda)

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