Así como puede surgir en una ronda que alguien pida tocar una zamba, un chamamé, un tanguito, una milonga, una cumbia; alguien con cierta pericia histórica (a partir de ahora puede ser usted) puede pedir ‘tocate una zarateña’. No se mire extrañado, el maestro Virgilio Expósito fue el creador de ese ritmo musical. Presentado en Zárate para el mundo a finales de la década del ’60.
Pudo haber sido en la ribera del Club Náutico, donde pasaba junto a su amigo Jaime Dávalos largas tardes de contemplar nuestro delta, música y anécdotas. Donde el río le fue trayendo inspiración con sus músicas del norte litoral y también mediterráneo. O la sumatoria de tanta academia y tanta calle en el mundo sonoro y cultural, que conjungó en sus manos al piano este ritmo con aires folklóricos y ese algo más que trae la música universal. Años en que la música popular Argentina era un hervidero de talentos, músicos, poetas, intérpretes, con una variedad y calidad hasta hoy sorprendente. Virgilio nos crea y lega un nuevo ritmo musical. Y como si algo nos faltara, poniéndole de nombre nuestro gentilicio.
Presentó las primeras zarateñas en 1968, en el Festival “Zárate, Capital musical del Paraná”. Sin embargo, el tiempo y los proyectos del creador hicieron que no queden registros ni grabaciones oficiales (por ahora conocidos y públicos) de “zarateñas”. Quedando inédita pero viva en su seno familiar, como muchísima obra de los Expósito aún desconocida.
Una perla informal anda dando vuelta por la internet: su nieta -Laura Expósito- interpretando una zarateña, canción llamada “Del Ñacurutú”. Hasta en el nombre Virgilio referenciaba a cosas y lugares de su Zárate, pues aún ya siendo un reconocido artista internacional nunca olvidó ni dejó de lado su tierra natal.
Qué lindo sería que, desempolvando esta joya de tener un ritmo musical que nos hable tanto de nuestra cultura, se pueda poner en escena y revalorar sinceramente la profusa e inacabable obra que los Expósito nos han legado, sin más intenciones que la creación, la emoción, (el arte) y nuestra identidad.
Despabilando! (que aún nos queda)