Publicado el 04/07/2020 por Damián Vidal
“Más tizas menos tiros (en el viejo edificio de la Técnica 3)” Una historia de Radicales y Conservadores a los tiros en una confitería céntrica que hoy alberga una escuela secundaria.
Esta nota es originada a pedido de una de nuestras seguidoras. Estate atento que en cualquier momento largamos otro Despabilando a la carta!
Más tizas menos tiros (en el viejo edificio de la Técnica 3)
Hace unas semanas, nuestra amiga Agus Tina como ganadora del primer posteo #AdivinanZárate, nos pidió algo de este lugar, que sin dudas que ya se ha convertido en un edificio emblemático para conocer y recorrer en sus espacios y en sus tiempos. Se nos ocurre contar un singular evento ocurrido donde hoy se alberga la Escuela de Educación Secundaria Técnica N°3, que, entre tantos cambios de nombres y maquillajes del sistema educativo, es mejor que digamos la “Técnica 3” y ya todos sabemos de qué sé habla.
Ante todo, debemos la atención y estudio sobre este inmueble y su historia, a la labor que desde hace décadas vienen llevando a cabo desde distintos ámbitos la arquitecta Baccino junto a demás entusiastas, quienes han puesto en relieve su valor como patrimonio cultural, defensa y difusión. De allí que podemos historizar sintéticamente la cronología del lugar, para abordar mejor el relato central. Seguramente original como vivienda, cual casona con patio central, es en las primeras décadas del siglo XX cuando funcionó en el inmueble una confitería: la Confitería del Progreso, (o “El Progreso”). Lugar de indubitable referencia para entonces, a decir de hoy sería el clásico “café frente a la plaza” que tienen los pueblos. Frecuentado tanto por distinguidas familias como por los habitantes en general y, por supuesto, por los (infaltables) grupos políticos. Cerrado este negocio, en la década del ’40 albergó por algún tiempo al Club Argentino, otro distinguido centro social activo hasta hoy en calle 19 de Marzo. Ahora bien, la gran mayoría de quienes hoy están por encima de los 50 años, a este edificio lo suelen referir a “donde estaba el Nacional”, pues desde 1943 hasta mediados de la década del ‘80 funcionó allí el Colegio Nacional, el mismo que luego se muda a la sede propia en calle Teodoro Fels. Tiempito más tarde el Estado adquiere el inmueble y, amplia refacción mediante, lo destina a la ENET N°3, que desde mediados de la década de 1990 se instaló allí hasta hoy. Es decir que ya más de siete décadas lleva el lugar con establecimientos educativos funcionando allí.
Conociendo ahora su cronología, en medio de tantas historias que se tejieron entre esos longevos ladrillos, queremos traer a colación y reflexión una de ellas de cuando funcionaba allí la renombrada Confitería del Progreso. Situémonos en un Zárate de hace 100 años, 1918 para ser más exactos. Donde la pujanza de una época se empezaba a traducir en el paso de pueblo a ciudad principalmente al ritmo de las industrias agroexportadoras existentes; y donde el pulso político por el control del gobierno local pasaba por ser, partidariamente, o Radical o Conservador.
Por el lado de los Conservadores, sin dudas que era Luis Güerci la figura y caudillo indiscutido, quién timonea desde aquella vereda, acompañado fuertemente por su familia directa y su familia política: los Palacios. Por los Radicales quizás más atomizado el liderazgo, pero por entonces los De la Torre tenía su injerencia, como también José S. Massoni, los Castex, Desbouts y otros. Unos y otros amigotes hasta 1910, pues ese año Güerci deja el Partido Radical para continuar su carrera en el Conservadurismo y de allí en adelante las tensiones y enfrentamiento entre las facciones serán constantes y crecientes. Asumido a la presidencia Yrigoyen en 1916 se interviene al tiempo la provincia; y por supuesto Zárate, donde para 1917 se desplaza al intendente conservador Juan Boerr y queda comisionado Rómulo Noya, de afinidades radicales. Más para la tirantez del momento entre las parcialidades, que no era raro que diriman sus asuntos a los tiros.
A principios de marzo de 1918 se desarrollaron comicios nacionales y provinciales, la campaña picante como siempre, y si bien el Radicalismo salió triunfante en general, no en Zárate, pues aquí triunfan los Conservadores, aún con la intervención municipal que presuponía asegurar el no-fraude electoral. Entusiasmados con el empuje eleccionario, hay nuevos comicios semanas más tarde, ahora serán municipales. Sigue la campaña y, como no podía faltar, nuevos cruces públicos de acusaciones varias entre candidatos. Massoni y Güerci, ambos senadores provinciales, encabezan sus respectivas listas para concejales (el solapamiento y simultaneidad de cargo no era para nada extraño entonces). Otra vez triunfo Conservador, otra vez denuncias cruzadas de fraude, otra vez compra de votos. Lo de siempre. El comisionado local, Noya, convoca en la mañana del 30 de abril para conformar el Concejo Deliberante y con ello dar paso a formalizar el Municipio y sus autoridades. Los Conservadores electos se presentan, los Radicales se hacen esperar hasta la tarde. Sube la temperatura. Iniciada la sesión comienzan las discrepancias: que la demora, que el libro de actas no está, que hubo fraude en una mesa electoral en Lima, que ese resultado hubiese cambiado el ajustado margen de la elección, (la temperatura sigue subiendo) que fuiste vos, que fueron ustedes, que mejor se anule la elección, que sí, que no, que Güerci se va de boca y los reputea, que los radicales quieren dejar acéfala la Municipalidad. Escándalo en el HCD, se levanta la sesión y se van todos recontra recalientes.
Esta es la previa para entender un poco más el clima reinante en que esa misma noche tendrá desenlace fatal en la misma Confitería El Progreso. Durante la tarde Güerci y sus muchachos van a la confitería a tomar un vermouth, para distender un poco entre reuniones en el comité. Quedan en volver a la noche. Era sabido que a dicha cafetería eran habituales los radicales. A la noche Güerci vuelve con sus más cercanos allegados. Sentaditos en un rincón. Radicales varios por todos lados, algunos eran inclusive escribientes en la policía. Mirada va, gesto viene. Entre Güerci y Manuel Iglesias, un puntero radical de supuesta mala fama. Acusaciones confusas: Que Iglesias lo provocó, que Güerci le revoleó un vaso, que se pecharon cuerpo a cuerpo, que uno hizo ademán de sacar un arma, que el otro la sacó, y lo inevitable: Bastó con oírse el primer disparo, y atrás arrancó la balacera general. Confusión total, algunos que se piantan, otros que resisten. Los Conservadores contra un rincón sin salida del boliche, los Radicales más holgados de espacio ensayan otros movimientos. Cae mal herido por la espalda Güerci, lo mismo para otros, y resulta fatídicamente abatido el radical Pascual Cáffaro. Más de 40 balazos quedaron incrustados en las paredes del rincón en que estaban los Conservadores, cerca de cien disparos se ejecutaron en un puñado de segundos eternos. Heridos varios, Güerci en el suelo y Cáffaro muerto. El tardío accionar de la policía al llegar al lugar fue dudoso, y hasta sospechoso de parcializado.
Los Conservadores acusan a los Radicales de querer matar a Güerci y que todo fue preparado cual emboscada, los Radicales acusan a los Conservadores de provocadores forzosos e instigadores a tiroteo y de haber matado a Cáffaro. El caso conmocionó de tal manera que desde la Gobernación cambian al interventor municipal y al jefe de policía local. La prensa nacional se hace eco del caso. Internado Güerci en Buenos Aires para recuperarse de su crítico estado es visitado hasta por el presidente de la Nación, don Hipólito Yrigoyen, de probada amistad con el caudillo Zarateño a pesar de su distanciamiento político. Restablecido de salud, Güerci se reincorpora al senado provincial y hasta allí llega la disputa en agenda parlamentaria con su contrapunto Massoni. Nuevas versiones de los hechos, dependiendo del lado que opine, y que fuente periodística se utilice para reconstruir los hechos. Con el correr de los meses el caso siguió en la justicia sin muchas más novedades. La cosa es que si en 1910 se da el gran quiebre político entre los enfrentados, este evento selló el resquebrajar de las relaciones personales para siempre y el distanciamiento total y final desde lo personal. Las próximas décadas no serán menos tumultuosas ni violentas, al contrario, se llegaron a enfrentamientos aún más cruentos, que quedarán para otro relato.
Más allá de quien era el bueno, el malo (y el feo) en esta película, viejas rencillas y diferencias terminaron por explotar en gatillos que hoy son aulas. Detrás de algún pizarrón quizás se escondan aun marcas de aquellos balazos que surcaron el boliche céntrico. No es que se celebren estas historias, habiendo tantas hermosas de estudiantes y estudiantinas que contar y que por suerte han sido muchas más. Solo que cada tanto no está mal recordar que esos muros llevan hoy más de 70 años impregnándose de tizas, ideas y libros. Y esto también nos cuente que en los procesos locos del tiempo en nuestra aun, -por momentos-, adolescente historia democrática, encontremos felizmente que hemos podido generar ámbitos donde definitivamente una tiza vale más que una bala, que un lápiz a tiempo urge más que una dura mano para paliar cualquier tipo de violencia política o social. Y que más democracia no implica más votos sino más activos sujetos democráticos. Bienvenidos sean los ámbitos educativos que propicien esto.
Despabilando! (que aún nos queda)
