Es todo un juego imaginar cómo pudo ser la cotidiana vida en un lugar donde solo quedan ruinas, alguna suerte de tapera, antiguas construcciones roídas. Y más en los campos, donde el silencio gana espacios, donde el vacío gana a los tiempos. Hay algo en el ambiente que siempre invita a contemplar, a no molestar el paisaje que sigue y sigue más allá de nuestro ocasional pasar.
El paraje Las Palmas es un emblemático e histórico lugar en el Partido de Zárate. Ya desde mucho antes la naturaleza dotó de palmeras la región, los cauces del Paraná y sus cursos afluentes, como el luego bautizado arroyo Las Palmas. La toponimia así era ineludible.
La vasta estancia de los jesuitas en el siglo XVII empezó a hacer productiva las tierras, luego su heredera territorial: la distinguida estancia Las Palmas, y el desarrollo agropecuario de los grandes terratenientes. A finales del siglo XIX la instalación del frigorífico Las Palmas, a la vera del río Paraná de las Palmas, le dio el impulso que faltaba para el arribo numeroso de personas, ferrocarril con la estación Las Palmas, escuela, servicios, comercios. Y se terminó por formar una vecindad. Llegó a existir, sí, el nutrido poblado de Las Palmas.
En las tres primeras décadas del 1900 vivió su auge, decayendo tras el cierre del gran centro productivo -el frigorífico-, arrastrando a lo demás; y la inevitable migración de la gente a otros poblados cercanos como el pueblo de Lima y Zárate ya para mediados del siglo XX.
Aunque en estas últimas décadas iniciativas privadas han crecido en el lugar, como el puerto y alguna que otra industria, no han llegado a recuperar el eje económico para reactivar concreta repoblación del paraje. Sí, en cambio, las inversiones inmobiliarias con clubs de chacras residenciales han hecho fijar exclusivas moradas, pero que lejos están de aquella identidad que supo forjar el paraje a fuerza de obraje y campesinado.
De todas formas, sigue latente la historia y la mística de los tiempos. Para imaginar y descubrir atónitos ante un viejo árbol, una antigua construcción ladrillera, una tranquera, un sol sobre la siembra. Un silencio de paisaje rural que sigue contando.
Despabilando! (que aún nos queda)