Domingo 05 de Abril del 2026

Parque de la Cruz

Publicado el 10/09/2020 por Damián Vidal

El Parque de la Cruz. Historia, mitos y el magnífico paisaje de uno de los rincones zarateños con aires de enigma y encantamiento.

El Parque de la Cruz. Mitos, historias, paisajes en un rincón zarateño con aires de encanto y misterio.

Pocos son los lugares de Zárate que tienen la cualidad de sobrevolarles aires de cierto encantamiento, propiciado quizás por mitos sobre su historia, con algo de soledad y misterio al recorrerlo en silencio, envuelto en una belleza natural que no hace más que recrear un escenario de mil historias posibles, de amores, desamores, tragedias, rituales, encuentros, desencuentros, como las que han sucedido en toda su extensión. El Parque de la Cruz es uno de ellos.

Desmitifiquemos de entrada dos creencias populares: a ciencia cierta no hay documentos ni hallazgos públicamente conocidos que avalen la idea de que allí hubo un “cementerio indio” como muchas veces el habla popular le ha querido atribuir; y no es cierto que allí estuvo el viejo cementerio de Zárate, en este caso el mismo se encontraba en la parte alta del Arsenal, entre las calles French y Beruti (Para más info ver nota “¿Y dónde es que estaba exactamente el viejo cementerio?”)

Sin dudas que esto de los camposantos ha ido tomando fuerza por la existencia de una solitaria cruz al borde de la barranca, que viene erigida allí desde hace más de 130 años, pero sus orígenes tienen que ver con otra cuestión. Casi como una mueca de sutil ironía (y puro voluntarismo narrativo) podemos empezar a contar a partir de un horno de ladrillos como fue que se construyó su mito.

Ni bien creado el partido de Zárate en 1854 y designada sus autoridades, quien ejercía el rol de Juez de Paz -digamos las veces de intendente de entonces-, Gregorio José de Quirno, compra a don José Antonio Anta un amplio terreno en el lugar que hoy sitia el Parque de la Cruz. Esta fracción de “cuatro cuadras de terreno de a ciento cincuenta varas, o sean dos cuadras de frente y dos de fondo” al borde de la barranca era parte de la gran estancia que los Anta, carreros y pulperos, supieron tener.

Don Quirno, ni corto ni perezoso y sabiendo que había todo un pueblo por construir, establece allí mismo, y de su propiedad, una modesta fábrica de ladrillos. Esta se encontraba emplazada en la actual intersección de las calles Maipú y Estrada, al filo del cañadón que aún hoy apreciamos. Así partían, desde allí, los materiales para las primeras grandes obras ladrilleras de Zárate. Un visionario comercial el protointendente Quirno (guiño, guiño).

Para ubicarnos mejor, el terreno del que hablamos hoy comprendería las manzanas existentes entre las calles Beruti, Félix Pagola, Juan B. Justo y la proyección hacia el deslinde de las barrancas. A continuación, se puede observar en el plano de mesura, realizado en 1873, el detalle de ubicación del citado horno de ladrillos. Y a su vez se puede apreciar una cruz en el extremo Sur-Este, fuera del predio. Esta no es más que la cruz mayor erigida en la antigua necrópolis, reconfirmando así la ubicación del viejo cementerio en la parte alta de lo que sería hoy el Arsenal, y no en el actual parque como le ha atribuido muchas veces el habla popular.

(Detalle del plano de mesura realizado en el año 1873 del terreno que Gregorio Quirno adquirió de José Antonio Anta en 1854)

Desde el balcón natural formado allí, se podía apreciar no solo las bellezas del río, los humedales y las islas, sino también era un lugar de paso estratégico hacia la parte norte del ejido. Durante la segunda mitad del siglo XIX se fueron instalando en la zona baja la primitiva industria más significativa que tuvo Zárate: los saladeros. La bajada hacia ellos se daba por aquel lugar. Quirno fallece en el año 1878, con un Zárate mucho más formado y perfilado a ser uno de los polos de la provincia más atractivos para las inversiones.

Bien es sabido ya que la región fue asolada por diversas epidemias y crisis sanitarias en las décadas de 1870 y 1880, tales como la fiebre amarilla y el cólera. Hubo que convivir durante mucho tiempo con el asedio de dichas enfermedades. El cementerio local, como se dijo, a escasos metros entonces del actual mirador de la Cruz, es uno de los que debe readecuarse y mudar. Esto se empieza a hacer efectivo para 1891. Entre tanto, quizás por su cercanía con el cementerio o por la disposición geográfica y natural del predio, el actual parque que referimos en esta nota fue frecuentado por feligreses que peregrinaban hasta el lugar para recordar a las víctimas de las epidemias. Naciendo de esta forma “la Cruz” por haberse instalado allí una gran cruz de madera para realizar las ceremonias respectivas.

Esta información es dada por un hallazgo encontrado en la revista local “Rio Paraná”, con su edición de marzo de 1968, al hablar de la historia de la calle Maipú. Cita: 

“El transeúnte que la recorre observará algo curioso al llegar a su cruce con la calle Juan B. Justo: se trata de una cruz enclavada en las pintorescas barrancas que asoman hacia el Arsenal de Marina. Su origen parte de una misión cumplida durante las dos primeras semanas de noviembre de 1887 por los padres Redentoristas Federico Grose y Santiago Barths en recordación a los caídos por la epidemia de cólera ocurrida por ese entonces en Buenos Aires y también en Zárate. Antiguos vecinos relatan que dicha cruz fue trasladada en público desde la iglesia parroquial hasta el lugar donde se halla actualmente y era recordada con ofrendas florales y oraciones todos los 14 de setiembre”.

A su vez el más importante historiador local, Sergio Robles, en su aporte al destacado trabajo “Espacios de Fe. La Religiosidad de los zarateños” (Robles, Baccino, Sorolla, Fox. Ed 2005), da por válida esta hipótesis. De esta forma podemos encontrar a que está asociado el origen del caso: peregrinaciones y ofendas para recordar a las víctimas de las epidemias, en un rincón zarateño con el marco de un balcón natural espléndido a todos los rumbos. Y la continuidad en el tiempo cada celebración del día de la “Exaltación de la Santa Cruz”, los 14 de septiembre.

(Imagen de la Cruz que existió en el predio hasta el año 1999, quizás la más recordada por las actuales generaciones. No era la original, sino un reemplazo. Se desconoce el paradero de la Cruz primitiva de madera que estuvo emplazada desde finales de la década de 1880).

Como para reafirmar la existencia de una cruz en el lugar desde finales del siglo XIX, nos metemos en los archivos del Juzgado de Paz de la Municipalidad de Zárate y encontramos allí, en un expediente del año 1892, un caso trágico: un suicidio. En la declaración de la denuncia se nos cuenta:

“… que serían las siete de la noche la esponente [Doña Felipa Zárate] que vive una cuadra mas afuera del Cementerio viejo donde se encuentra una cruz frente a un ombú en el camino al saladero… (…) al pasar por cerca del ombú, vió la figura de un hombre al parecer colgado…”. Se apersona allí el médico de Policía, el Dr. Félix Pagola, y constata el caso. Este hombre se hallaba “dando espaldas a una cruz que hay en el parage y al Rio y dando el frente al tronco del ombú…”

En la narración de este triste suceso se nos confirma entonces para 1892 la existencia en dicho lugar de la renombrada cruz, dada la info brindada en el contexto: el camino al saladero, las inmediaciones al cementerio viejo y hasta los ombúes tan característicos del lugar, los cuales pueden preciarse varios y añosos ejemplares hoy mismo. 

Ya vemos, su historia, entorno y crónicas no parecen menos que ir favoreciendo a crear algunos mitos desde su comienzo y atribuirle muchas veces al lugar ciertas historias que con el correr de los años el ‘habla general’ va adaptando con los tiempos.

Con la llegada del siglo XX, los saladeros fueron perdiendo actividad hasta desaparecer, se fueron creando nuevos barrios, se amplió la traza urbana y los loteos siguieron su curso. En esa dirección, la sucesión de Quirno, ahora al frente su hijo el Doctor Norberto Quirno Costa (vicepresidente en el segundo mandato Roca, 1898 y 1904. -Así es, leyó bien, el hijo de nuestro primer jefe comunal llegó a Vicepresidente de la Nación, ¿qué tul?-)  siendo dueño aún de las tierras, pedirá el loteo de las mismas para ponerlas a la venta, trazándose así las manzanas conforme al delineamiento urbano y quedando el sobrante de tierra para “beneficio público”. De esta forma la parte del actual parque queda como terreno municipal y las manzanas aledañas pasan a ser conocidas como “Villa Quirno” durante mucho tiempo. Y una gran cruz de madera continuaría erigida en las intersecciones de las calles Maipú y Juan B. Justo.

Con el correr de las décadas vendrán las muchas historias más o menos conocidas. La cancha del Club Belgrano, el entubamiento de la zanjón calle Estrada desde Villa Capdepón hasta el cañadón donde hoy se vierten los desagües, los pic-nic del día del estudiante, enamorados y no tantos en su uso como ‘villa cariño’, el lento abandono del predio, el reacondicionamiento para 1999 con el cambio de cruz y la colocación de un reloj aportado por diversas comunidades orientales y vecinos, el vandalismo de siempre, el gatillo fácil que sentenció a Rodolfo Emanuel Zapata… Y las historias se suceden.

De la belleza natural que emerge de su panorámica a los microbasurales que se forman por nuestras (indeseables) acciones. La vida de la infancia que va allí a jugar. La tristeza de los que van allí a llorar. La búsqueda de los trashumantes que van allí a reposar. Como siempre, desde sus orígenes: La vida misma de Zárate. ¿Cuántas y cuales les contaremos a los que vendrán?… De ese pedazo de rincón que atraviesa épocas y maravillan sus laberinticos senderos, su silencio al ver la inmensidad de postal al horizonte, su encanto de lugar casi mítico para generaciones que atravesaron por sus pasturas emociones inolvidables.

Despabilando! (que aún nos queda)

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