Las estaciones adornan, y sus colores armonizan en el cauce ancestral los matices de ese collage. Siempre es bella la postal del silencioso río, casi oculto de los campos de la llanura norbonaerense. Otoño a la vera del Río Areco, donde merece quedarse uno manso, en paz, a regarse de lo que cuenta su prístina sabiduría natural.
El río Areco ilustra no solo la naturaleza de los lugares que atraviesa, también su significancia. Desde los pueblos originarios, a los primeros pobladores de la colonización, el desarrollo de explotaciones agrícolas ganaderas y los poblados que se fueron nutriendo de su cuenca. El nacimiento de su cauce se va gestando entre los partidos de Chacabuco, Salto y Carmen de Areco, descendiendo en dirección noreste donde su curso marca para el partido de Zárate el límite jurisdiccional con San Antonio de Areco y Baradero, hasta su desembocadura en el río Paraná de las Palmas al unirse con el riacho Baradero. Su entorno quizás sea tan hermoso como desconocido por la mayoría de los habitantes de nuestro partido. Maravilla inexpugnable de nuestras pampas solo a minutos de la urbanidad.