Los saladeros han sido prolíferos en la provincia de Buenos Aires, como protoindustria a lo largo del siglo XIX en una tierra de campaña que empezaba a ser productiva. Con el método de salazón de la carne también se comenzó a aprovechar otras partes del animal para conservación y comercialización. En la década de 1860 es cuando empiezan a mostrarse los primeros indicios de crear establecimientos de este tenor en Zárate. Y en la década siguiente ya encuentra pleno desarrollo la actividad en la localidad.
Zárate, por entonces, era un pequeño poblado que presentaba diversas ventajas: acceso a tierras inmediatas a cursos de agua, el siempre estratégico río Paraná, un puerto de los más importantes de la provincia, campos circundantes para cría y provisión de ganado.
Varias explotaciones saladeriles tuvieron lugar en el ejido del pueblo. Las dos más importantes fueron las que se llevaron a cabo en los predios conocidos como saladero La Criolla y el saladero La Industria. El primero hacia el sur del centro urbano, al pie de la barranca en lo que hoy es Villa Florida, y el segundo hacia norte del casco urbano, hoy zona baja del Parque de la Cruz.
Ambos establecimientos supieron tener sus respectivos muelles, fundamentales para recibir insumos claves como la sal o despachar sus productos. La vinculación terrestre entre el proceso productivo y el muelle se daba por medio de vías. Rieles primitivos, de sistemas llamados “económicos”, donde desplazaban las cargas por medio de vagonetas y zorras. De esto se puede dar cuenta documental ya en la década de 1870, cuando se remataron pertenencias de uno de ellos y en el inventario aparece: “1 Vía férrea con 530 metros del Saladero hasta el muelle situado en la margen del Paraná” y también “4 zorras de embarque”.
Estos datos nos hablan no solo del uso de la tecnología de carriles de hierro en actividades de incipiente industria, como en realidad fue el ferrocarril en su concepción más original, sino que mucho antes de la llegada del servicio público ferroviario a Zárate ya existía el uso de ‘sistemas de ferro-carril” aunque menores, internos, privados y primitivos eran. De alguna forma los saladeros introdujeron el riel en la localidad. Más aún, empresarios de este ramo aparecen entre los firmantes de peticiones para que la red de las empresas ferroviarias llegara hasta Zárate, década antes de 1885, año en que finalmente llegó y comenzó el gran servicio público a escala con el Ferrocarril Buenos Aires y Rosario (FCBAR). Claramente la industria necesitaba el ferrocarril para poder continuar su desarrollo. Los saladeros fueron parte de esta ‘pre historia’, necesaria y fundacional.
El trazado de las vías del saladero La Criolla perduró aún después de su uso, tal es así que con el tiempo se fue haciendo arteria y nos dejó la actual calle ‘del costado de la arenera’. Por allí pasaba la vía a su muelle, que estaba referencialmente donde estuvo hasta hace poco el atracadero de la empresa arenera del lugar.
En cuanto al otro saladero, no quedan rastros de las vías ni su tendido, pero si uno baja las barrancas y se mete en la profusa vegetación, verá en una parte del deslinde del terreno hacia el curso de agua del bañado, una llamativa disposición de ladrillos que se va revelando con la erosión y el paso del tiempo, cual hallazgo de arqueología industrial. ¿Estamos hablando de restos del antiguo saladero? Bueno sería que competentes en el área tomen noción, estudio y protección, quizás estemos frente a un interesantísimo hallazgo histórico en el lugar.
La explotación saladeril en Zárate continuará hasta finales del siglo XIX, donde comienza a mostrar fuertes signos de relegamiento, nada ajeno a la situación de los saladeros en general; negocio que va quedando atrás por el avasallador avance de un método que llega para quedarse: el frigorífico. Sin embargo, nos quedan algunos signos, señales, huellas; que afilando el ojo y metiéndose en los recovecos de la ciudad todavía deja a la vista su vieja historia en su moderna cotidianeidad.
Despabilando! (que aún nos queda)