Jueves 22 de Enero del 2026

Terraplén FCER

Publicado el 13/08/2024 por Damián Vidal

117 años de diferencia entre ambas tomas, y ese aprovechamiento de las barrancas del Paraná para tender el inmenso terraplén de Ferrocarriles de Entre Ríos (FCER) sigue firme; habiendo resistido incontables toneladas de tránsito sobre su lomo por 70 años, más la erosión y el abandono…

En 1905 el Congreso aprueba que el FCER cruce el río Paraná con ferrobarcos para correr sus trenes del lado bonaerense y así alcanzar la Capital. En 1906, esta empresa de capitales británicos acuerda con los Lacroze para empalmar su línea en Zárate. Para eso construirá, a orillas del río, un atracadero para sus ferry boats, la estación Zárate Bajo y el tramo para alcanzar la zona alta del pueblo, con el famoso ‘Puente de la Muerte’ incluido.

Los laburos fuertes son en 1907. Cuantiosa cantidad de metros cúbico de tierra son movidos, posicionados, compactados, perfilados para superar los más de 20 metros sobre el nivel del río, en un tendido de 2 kilómetros de suave pendiente acorde a la necesidad de tracción ferroviaria con la seguridad y operatividad que se requiere.

Los “catangos”, ese mote a la sacrificada peonada que, a sol rajante, sudor, sangre y frío penetrante, han trabajado para conectar un país. Mucho más que las leyes y las rosquetas políticas han podido hacer. De todas partes llegaron, inmigrantes, criollos, de los bajos fondos, de los campos, anarcos, y ni siquiera eso. Pagas miserables, jornadas agotadoras. Huelgas bravas, como la de mayo de 1907 donde -panfleto mediante- acusaron a los patrones de “dealers in human blood” (traficantes de sangre humana) según el periódico de habla inglesa The Standard. Así y todo, ahí está su obra. De pie. ¿Qué hubiera sido del país sin sus anónimos obreros?

Los trenes ya no corren. La política, la economía y cuantas cosas más los fueron borrando del mapa. La obra sigue. Existiendo, resistiendo, insistiendo la memoria. Como las sinuosas barrancas, como la noble tierra, como el caudaloso río que ha dado sus barros, sus arenas y su vía donde desplazarse. Y donde volver en él a encontrarse.

Despabilando! (que aún nos queda)

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