Jueves 22 de Enero del 2026

Tragedia en el Río Paraná. El naufragio del lanchón Los González

Publicado el 18/11/2021 por Damián Vidal

La tarde queda atrás. El día de recreo en la isla también. Cuando la penumbra va ganando en la noche, sobre el rio Paraná de las Palmas las familias que viajan en el lanchón van con ánimo de seguir entretenidos cantando en su trayecto de regreso a Zárate. Será por eso quizás que no advirtieron, -o por esas cosas del llamado destino-, que una mole de más de 1500 toneladas con un tren de cargas completo a bordo viene navegando en su rumbo y se acerca a todo lo que entrega su vapor. Es domingo 26 de noviembre de 1922, son casi las 20hs y está oscuro sobre el cauce del Paraná. Una de las más dolorosas tragedias que supo acontecer en Zárate hasta entonces está por ocurrir…

Antonio Giusti, reconocido comerciante de la localidad, invita a un grupo de familias amigas a pasear junto a la suya en un terreno de isla que tiene en el conocido arroyo Negro, un curso de agua que, desde el Rio Paraná de las Palmas a la altura del pueblo de Lima, se interna en las islas del Delta. Tras una agradable jornada emprenden la vuelta, en la misma embarcación en que realizaron la excursión: el lanchón “Los González”, propiedad de Giusti y timoneado por el mismo. Son 24 personas entre adultos, adolescentes, niñas y niños que continúan la algarabía jugando y cantando también a su regreso, cuando a pocas millas de Zárate, en una de las vueltas del río conocida hoy como Vuelta de los Borbones, los sorprende uno de los grandes ferrobarcos a escasos metros y en su mismo rumbo.

Media hora antes, el ferry boat María Parera, de la empresa Ferrocarriles de Entre Ríos (FCER), había zarpado del atracadero de Zárate y navegaba completo con 22 vagones de un tren carguero hacia Ibicuy, para cumplir así su habitual itinerario de cruce fluvial. Navegaba con entorno sereno y a plena velocidad hasta que, al alcanzar la nombrada vuelta del río, dejando atrás las luces del frigorífico Hall, sus contramaestres en cubierta perciben que una pequeña embarcación se acerca rápidamente en su misma dirección pero sin luces, lo cual hizo que no puedan distinguirse hasta estar más bien cerca del ferry. Tal era la inmediatez, que hasta alcanzaron a escuchar los cánticos que llevaban los viajeros del lanchón sin percibir estos el inminente peligro. Pero una nave de las dimensiones del María Parera no es de fácil maniobra para reaccionar en poco tiempo. Los contramaestres accionaron inmediato el aviso al Práctico que en el comando del ferry ordena urgente marcha atrás y virar bruscamente. El estremecimiento del buque ante tal repentino cambio fue tal que quedó grabado en la emoción de los presentes, e inmediatamente los gritos de terror de los viajeros mezclados con el sonido de los destrozos. El lanchón Los González se cruza río delante del ferry y no le alcanza, colisiona con la proa del María Parera, este prácticamente atraviesa y deshace la pequeña embarcación con sus 24 ocupantes, que pasa por debajo del ferry y termina saliendo en pedazos por detrás de la popa. Solo tres personas logran sujetarse a restos de maderas y cajones que quedan flotando. Veintiuna perecieron, de las cuales apenas diez son encontradas y once nunca más fueron halladas.

Desgarradoras son las crónicas y testimonios de las sobrevivientes y personal del ferry boat involucrado. Tras las pericias y declaraciones se presume que desde el lanchón sí distinguieron las luces del ferry, pero al parecer las confundieron creyendo que eran las lejanas luces del frigorífico inmediato a la barriada de Villa Angus. Las dudas se ciernan sobre quien conducía el lanchón, que no disponía de luces reglamentarias, que no respetaba la zona de navegación por donde se sabía marchaban las embarcaciones que iban rio arriba, en cuanto al ferry boat por qué no hizo sonar los silbatos de emergencias pidiendo ayuda inmediata. 

Lo único certero es la impresión que dejó la catástrofe en la comunidad. Consternación general, desfile de afectos y personas por varios días a la vera del muelle local en busca de novedades de los rastrillajes en el rio. La prensa nacional hizo eco de la tragedia en forma masiva. Cierre de comercios locales en señal de duelo. La Sociedad Italiana de Zárate, diversas organizaciones sociales, religiosas y fabriles dispusieron instalaciones y personas para colaborar con la búsqueda de los desparecidos y asistencia a las familias.

Aún hoy existen las sepulturas y recuerdos en su memoria en el cementerio. Junto al panteón de la misma familia Giusti donde yacen sus integrantes ahogados, se levantó un mausoleo sepultando los restos de todos los hallados pertenecientes a las familias amigas que corrieron la misma suerte en el lanchón (Trepicchio, Martinucci, Guaglianone, Vaglio). Juntos partieron en la misma desdicha y así juntos siguen en su reposo final. También se recuerdan a quien quedaron desaparecidos, para siempre en las aguas del Paraná. 

Acertado quien haya escrito el epitafio, que con una notable lírica sintetiza:

“Partieron felices, en el azul del Cielo imperaba la gloria del Sol y el canto de la Alondra mañanera. De vuelta al hogar, al caer la tarde escucharon la elegía del ave anunciador de la desesperanza, la vecindad de la noche eterna. La Ciudad Maternal levanta este Mausoleo intérprete del dolor de la tragedia más intensa que gravitó sobre el Corazón de sus Hijos”.

Despabilando! (que aún nos queda)

logoAmigo
logoAmigo
logoAmigo
logoAmigo