El reloj no marca el tiempo ni dentro ni fuera. Cada parroquiano sabe (y prefiere) que su tiempo es lo que dura el recreo, la anécdota, la partida de naipes, el pedido cargado de víveres, recados y alguna copita para enjuagar la ocasión. Esperando del tren alguna novedad para el día. Quedando, junto al silencio del campo, la esperanza latente en la galería abierta del viejo bodegón.
La llegada de la vía ferroviaria, a finales del siglo XIX, le dio a la población rural del sur del partido de Zárate un centro de encuentro social, de intercambio comercial y un nombre definitivo: comienza a formarse el pequeño poblado de Escalada, en inmediaciones a la estación homónima, en la zona conocida como la Pesquería, por el arroyo del mismo nombre que cruza por el lugar. Con más de una centuria encima, aún persisten construcciones de antaño y ese clima rural tan especial de nuestras pampas. En ello el Viejo Almacén de Rolo, proveeduría local y boliche campero, adorna el paisaje distintivo del pueblo y da vida a colores para sus lugareños y visitantes.