Desde antes, mucho antes que todo: Puerto. De Llegada, de resguardo, de partida. Y fue para los nativos sagrado lugar en su cauce. Y luego, antes que todo lo que veas hoy, gente se fue arrimando a las orillas. Aunque no lo creas, lleva más de doscientos años la referencia cartográfica de que en un tal Zárate, Sárate, Saratte (y variantes de otrora), hay un lugar de abrigo e intercambio en la vía fluvial de una nación que empezaba a gestarse. Muelle, atracadero, canoeros, a vela, a vapor. El villorrio fue creciendo. Puerto, campo, industria, arsenal, grandes embarcaciones, ferrocarril, ferryboats, balsas. Sus laburantes. Todos a la ribera, todos al Paraná. Fuimos puerto. Somos puerto. De quienes partieron, de quienes llegaron. No lo olvidemos. Un puerto también es puente. Y fuimos puente. Y somos puente. Nuestro ser acaricia el río. Y el río lo acaricia también. Para seguir fluyendo. Viejo puerto, zarateño.