Dice a modo de frase-gancho la casa comercial que propicia el remate: “El futuro capitalista no es el que más trabaja, sino el que mejor invierte”.
Más allá de la cruda, sugerente -y futurista- sentencia que se utiliza para captar oferentes, invertir en tierras al oeste del trazado urbano de Zárate para las primeras décadas del siglo XX era un gran atractivo para “pequeños inversores” (léase familias chacareras, inmigrantes labradores, pequeños productores, etc.) que pretendan tener sus quintas de economía a baja escala. Tierras altas, fértiles y agua dulce pocos metros de profundidad. Con dos atractivos más: la inmediatez con el ferrocarril, a las estaciones dentro del ejido urbano, y al estratégico camino hacia Areco.
Sumado a que, tarde o temprano, esas posesiones valdrían mucho más cuando la urbanización vaya casi obligadamente hacia aquellos lados por una cuestión simple: al este el río (o sea, nada), al sur franquea el frigorífico Smithfield, puestos de la estancia Copiapó, terrenos bajos y límite con Campana (tampoco se puede hacer mucho); al norte medio similar porque luego de Villa Angus hay otros emprendimientos fabriles y más allá ya comienzan los grandes campos agro-ganaderos. Así que: ¡Zárate, al oeste! A lotear en menores fracciones y emprender para abastecer de productos frescos la localidad y a otros puntos de la región.
Aún hoy hay quienes recuerdan, o le contaron sus mayores, de las granjas, quintas, fincas y otros establecimientos que trabajaban la tierra, tambo o animales de granja en los actuales Barrio San Jacinto, Orsi, Burgar, Juana María, hacia el cementerio y muchos más.
Ilustra este posteo el remate de octubre 1924 que se hizo de aprox. 115 hectáreas con chacras de la sucesión de Belisario Hueyo, lindero al viejo camino a San Antonio de Areco (lo que hoy sería la Antártida Argentina).
Despabilando! (que aún nos queda)