Como se aprecia en la imagen que abre este artículo, la zona de barrancas del Paraná es realmente espléndida. Por ejemplo, si vas para el Parque de la Cruz o al amplio balcón natural de calle 3 de febrero, entre el club Belgrano y la bajada al barrio H, las verás exuberantes. Su vegetación, allí abajo los humedales, más allá el río y las islas.
Ahora bien, ¿podrías imaginar, en medio de esa reserva natural, una bruta refinería de hidrocarburos? Bueno, tranqui igual, que es solo imaginar. Porque ya sabes el final de la historia: pudo haber sido, pero no fue. Lo interesante son las variables en juego que implicaron, las cuestiones que disparó, el devenir de los sucesos y su resultado en el tiempo.
Como ya es archirecontraconocido, en los albores del siglo XX el partido de Zárate estaba creciendo a un ritmo exponencial. Puertos, industrias, ferrocarriles, comercio, campo, todo era fecundo en estas tierras. No podía faltar un poderoso negocio que venían en alza en el mundo nuevo: la industria del petróleo y sus derivados.
La costa zarateña era una joya preciada por los grupos económicos del mundo que desembarcaban en Argentina. Los reconocidos frigoríficos que hemos tenido han sido un buen ejemplo. También otros grandes han comprado tierras, asegurándose un lugar en este estratégico punto. La Colonial Oil Company fue una de ellas. Esta firma, de capitales estadounidenses, estaba vinculada a la gigante Standard Oil (la petrolera de John D. Rockefeller); era una subsidiaria, como suele decirse.
Argentina estaba dando los primeros pasos en este asunto, habiéndose descubierto petróleo en Comodoro Rivadavia a fines de 1907, estaba ávida de recibir capitales que puedan procesar el crudo y meternos de lleno en este negocio del futuro. En el vecino pueblo de Campana ya se procesaba algo, con la pionera Compañía Nacional de Aceites, donde la Standard Oil se fue metiendo de a poco, alianza va alianza viene con sus empresas subsidiarias, y así iniciar operaciones en el país. Pero los planes del poderoso trust petrolero eran mayores. Con la Colonial Oil quiere copar la parada zarateña y poner su propia refinería desde cero. De hecho, adquieren un amplio terreno en la zona ribereña, hacia el lado norte del ejido. Obviamente teniendo ya apalabrada la aprobación del proyecto por parte del gobierno provincial.
Para enero de 1911, estas novedades empiezan a hacerse eco en la prensa porteña, donde se habla de que una compañía había adquirido tierras en Zárate para establecer una refinería de aceites nacionales y extranjeros. Lo de “aceites” viene porque era común por entonces traducir “oil” como aceite y no como petróleo. El rumor crece y se confirma, pues días más tarde la Colonial Oil hace su presentación formal en la municipalidad de Zárate, nota mediante, anunciando su decisión de establecer:
“en la planta baja del pueblo de Zárate un gran establecimiento destinado a la refinación de petróleo bruto y todos y cualquiera de sus productos, así como el almacenamiento de los mismos; la fabricación de cajones, latas y todos o cualquiera de los artículos necesarios, o que se consideren convenientes por nosotros para el desarrollo de dicha industria, venimos a solicitar del Sr. Intendente la autorización necesaria para construir la referida fábrica bajo las condiciones de seguridad que se fijen atendiendo las circunstancias del caso (…) La fábrica será establecida en el terreno de nuestra propiedad que expresa el croquis adjunto, y correrá de nuestra cuenta obtener del Exmo. Gobierno Nacional el permiso necesario para abilitar nuestros almacenes como depósitos particulares, construir y abilitar un muelle, terraplenar la parte del terreno sujeto a la jurisdicción nacional, cruzarla con una o varias cañerías y con un pequeño ferrocarril…”.
Y la cosa quiere ir más allá, porque también propone cuestiones como: “distribuir kerosene en Zárate por medio de carros tanques, de los mejores modelos aceptados en otras Ciudades, lo que producirá un gran abaratamiento de ese artículo de primera necesidad…”.
Cierra el pedido firmando al pie: A. V. Patterson. Usted dirá, ¿y quien corno era A.V. Patterson? Era uno de los viejos laderos de don Rockefeller, de cuero curtido en refinerías más que en oficinas bursátiles. Básicamente Patterson era uno de esos que cortaba el bacalao, posta.
El pedido se trata en el Concejo Deliberante y, según se lee en el acta respectiva del 18 de febrero de 1911, se aprueban las autorizaciones solicitadas por la Colonial, en vista a los beneficios que reportará a la localidad dicha industria.
Hasta acá todo bonito, pero hete aquí aparece un nuevo actor -en apariencia inesperado- en el asunto, clave en esta historia: el Parque de Artillería de Marina de Zárate, ubicado a unos quinientos metros de la futura refinería. Imagínese: polvorines militares y depósitos de municiones casi linderos a una factoría que procesa petróleo. Como que suena medio peligroso, ¿no?
Enterado de esta aprobación, el Arsenal Naval pone en conocimiento al ministro de Marina, y éste pone al corriente al ministro del Interior, solicitando que gestione ante el gobierno provincial retiren la concesión a la Colonial. Argumentando, lógicamente: “el peligro que importa para el Parque de Artillería de Marina y sus depósitos de inflamables, la instalación de una refinería de petróleo en un terreno lindero con el que ocupa ésta importante repartición nacional, donde se encuentran almacenados los materiales bélicos de nuestra marina de guerra.”
La cuestión se propagó en el poblado. Estaban los que creían que la instalación de la refinería era un peligro constante para la población, debido a la inmediatez con los depósitos del Arsenal y, por el contrario, estaban los menos alarmados que consideraban que la distancia entre ambos puntos era suficiente, amén de que las nuevas construcciones se harían, supuestamente, con las medidas de seguridad adecuadas.
Ante este nuevo escenario: <<recalculando>>, hubiera dicho el GPS de la Colonial Oil. Ni lerdo ni perezoso el viejo Patterson tenía un comodín para usar: Campana. Allí no había polvorines, explosivos ni nada que lo complicasen. Además, el vínculo tejido de la Standard Oil con la pequeña refinería de la Compañía Nacional de Aceites era una opción para instalarse allí definitivamente. No era lo ideal, habiendo adquirido el terreno en Zárate para hacer su refinería a medida, pero tantear irse a Campana podía ser también una buena estrategia de presión. Patterson presenta el pedido de instalación en el vecino pueblo y la municipalidad de Campana se lo aprueba. De esta forma, la Colonial, ahora tiene dos lugares con habilitación municipal donde establecerse, opciones para poder elegir más convenientemente.
El Eco de Zárate, 25 de marzo de 1911:
“La refinería de petróleo. DONDE SE INSTALARÁ? Ante los datos que obran en nuestro poder, surge la duda sobre el punto donde se instalará el importante establecimiento industrial de la <<Colonial Oil Company>> (…) El comisionado de Campana, teniendo en cuenta que un establecimiento industrial de esa importancia es beneficioso para la población, ha concedido la autorización solicitada. Por esto es que surge la duda sobre el punto donde se instalará la Refinería de petróleo. La compañía tiene acordado permiso por las autoridades comunales de Zárate y Campana. Seguramente que optará por el punto donde le pongan menos inconvenientes…”
Ahora la cosa no queda ahí, porque con este asunto se destapa otro: con refinería o sin refinería ¿qué hacemos con los polvorines del Parque? Pues la comunidad empieza a ver con recelo los depósitos del Arsenal tan inmediatos a la población. El tema pasa a agenda pública. La Marina y la política local se excusan diciendo -recién ahora- que ya era un tema que tuvieron en cuenta hace años, y que propusieron trasladar los polvorines a otro lado, pero no habían avanzado en ello por una cosa u otra. Es decir, aquello que significó un gran progreso para el pueblo, 35 años antes, con la instalación del primer Arsenal Naval del país, ahora pasaba a ser un incómodo establecimiento dentro del poblado, e inclusive traba grandes inversiones en industrias nuevas.
Ya sea por seguridad para la ciudadanía o viendo la gran oportunidad económica que se escurre, la municipalidad -a cargo del perspicaz Luis Güerci-, presiona en la gestión de que la Marina de Guerra mude los polvorines, ¿dónde?: a la isla. Si, levantar los depósitos enterrados en el Arsenal y mudarlos enfrente; a un terreno conocido como “de Guerrico”. Recordemos que Martín Guerrico, destacado contraalmirante de la historia argentina, tenía tierras en el delta y fue quien años atrás había cedido a Sarmiento una parcela para que viviera en las islas zarateñas.
Fue tal el estado de auge que alcanzó este tema, que se llegó a hablar de un proyecto para establecer en las islas -aprovechando la ocasión-, una gran fábrica de pólvora para abastecer las demandas de la marina y del ejército; nota que se llegó a publicar en el diario La Nación. En abril de 1911, la Intendencia municipal convoca a una reunión general para que el vecindario se exprese al respecto. Fiel a su estilo, don Luis sabe cómo ponerse al pueblo de su lado. Dice:
“INTENDENCIA MUNICIPAL. Teniendo conocimiento ésta Intendencia que dentro del vecindario existe el propósito de solicitar del Superior Gobierno de la Nación, el traslado de los polvorines que se encuentran en el Parque de Artillería de Marina en ésta localidad, en virtud del peligro que ofrece para toda la población la existencia de ese material explosivo, el suscripto en su carácter de Intendente Municipal, interpretando justa la petición que se propone el vecindario, y á la cual deben cooperar las autoridades de ésta comuna en la forma que se estime más conveniente, se invita al vecindario para una reunión que se verificará en ésta Intendencia el día jueves 6 del corriente a las 3 1/2 p. m. á efecto de uniformar ideas para los fines expresados. Zárate, Abril 4 de 1911. LUIS GÜERCI Intendente. JUAN N. BOERR Secretario.”
La crónica de lo que arrojó esta reunión la podemos recoger del periódico El Eco de Zárate del 8 de abril. Entre otras cosas, comenta que la reunión presidida por el intendente Güerci fue muy numerosa y “después de cambiar ideas al respecto, todos estuvieron de acuerdo en reconocer que importaba un peligro para todo el vecindario la permanencia de esos grandes depósitos de inflamables en el paraje que están ubicados. Como hace algunos años las autoridades y vecinos caracterizados pidieron el traslado de los polvorines y el misterio de aquella época dictó un decreto disponiendo el cambio, se resolvió gestionar, ante quien corresponda, el cumplimiento de esa disposición ministerial.”
Para continuar el tema forman una comisión, la cual deberá reunir los antecedentes para fundamentar el pedido, hacer firmar la solicitud al vecindario y presentar todo ante el ministerio. Sumado al informe técnico, con el gobierno provincial, del expediente sobre el peligro que traería para el Arsenal la instalación de la refinería. Y como reza un viejo dicho, si querés que algo no se resuelva formá una comisión, del tema no encontramos más nada; al menos en las conocidas fuentes públicas.
Llamativo o no, dado que en el mientras tanto un hecho trascendente en la Standard Oil ocurre en su país de origen, Estados Unidos. Meses más tarde de los sucesos relatados, la justicia norteamericana dictamina que la megapetrolera incumple la ley antimonopolio, por lo cual ordena desmembrar todo su trust. Se desarma todo el aparato empresarial, con subsidiarias y todo; entre ellas está la Colonial Oil. Ahora se rearma el puzzle empresarial en más de 30 sociedades regionales, tanto las que tenía la Standard Oil en EEUU como las que estaban vinculadas a ellas por el mundo. Por entonces en Argentina, la firma había avanzado en la compra del paquete accionario de la vieja refinería de Campana, la nombrada Compañía Nacional de Aceites (ahora Compañía Nacional de Petróleo). De todas formas, tras este duro cimbronazo empresarial, el complejo grupo Rockefeller encontrará nuevas morfosis para sus negocios, y bajo otra razón empresaria retomará sus proyectos en esta zona.
En cuanto al gobierno provincial, en los siguientes tres años hubo la inédita situación de cinco cambios de gobernadores, hasta la relativa estabilidad con la gobernación de Ugarte en 1914. En Zárate, continuó al frente de la intendencia Güerci. La ciudad siguió creciendo, nuevas instalaciones llegaban, nuevos barrios apareciendo, pero de la refinería ni noticia, aun cuando el terreno de la Colonial seguía figurando como tal. De hecho, al realizarse el primer loteo de Villa Angus, en 1914, se utilizan como ganchos comerciales el nuevo frigorífico a instalarse en su inmediatez y la refinería que había quedado en una nebulosa de definiciones.
Publicación en diario El Debate, abril de 1914:
“LA VILLA ANGUS. EN ZÁRATE. EN VENTA PARTICULAR. Desde el 1° de Abril. “Estarán en venta los espléndidos lotes de terreno de cuya ubicación dan cuenta los planos que se publican a continuación: Al lado mismo del gran Frigorífico “Hall” Weddel & Co. NO HAY NADA MAS PROXIMO. FIJENSE BIEN. Al lado de la Refinería de Petróleo á construirse por la COLONIAL OIL Co…”
Así estuvieron las cosas hasta que más o menos se despejó el panorama para todas las partes. Y allí fue que llegó la noticia que todos suponían. Bajo la nueva razón empresarial “West India Oil Company”, subsidiaria de la fragmentada Standard Oil, la firma se instala definitivamente en Campana. Más allá de haber estado este tiempo operando el negocio de la vieja Compañía Nacional de Petróleo (rebautizada nuevamente como Compañía Nativa de Petróleo) ahora desembarca con nombre e instalaciones propias. Diciendo adiós al sueño zarateño de tener la refinería en su jurisdicción. Vemos en El Eco de Zárate, 30 de septiembre de 1914:
“En Campana. Un nuevo factor de progreso. GRAN ESTABLECIMIENTO INDUSTRIAL. Según leemos en un colega de Campana, la refinería de petróleo, propiedad de la empresa <<West India Oil Company>>, que debió instalarse en esta ciudad, en los terrenos contiguos al arsenal de marina, se ha resuelto instalarla en Campana. A ese respecto, el intendente de aquel pueblo don Pedro Jacob inició gestiones hace algún tiempo, acerca del representante de la empresa señor Schmidt, para conseguir que el importante establecimiento industrial se radicara en Campana; gestiones que han tenido el mejor resultado e importan para ese pueblo un apreciable factor de progreso…”
La WICO (como se la llamaba popularmente a la West India Oil), se instala en un terreno mil metros al sur de su -ahora- vieja refinería campanense. Por ello, inicialmente no montó la tan ansiada refinería nueva, sino que comenzó con depósitos, muelle, tanques y despacho de hidrocarburos en el nuevo predio, mientras el grupo empresario continuaba operando la planta vieja. Comercializando también, entre otras, la marca ESSO. ¿Le suena?
Así la cosa fue paulatinamente creciendo en las instalaciones de Campana y la historia es más o menos conocida: para la década de 1940 el polo hidrocarburífero refinería-depósitos-muelle ya actuaba como uno solo: era “la ESSO”. ESSO siguió creciendo, comprando terrenos linderos, ampliando la planta. De ESSO a Axion en estos últimos tiempos, para llegar a hoy un complejo portuario-industrial de más de 100 hectáreas.
¿Y en Zárate? La WICO solo llegó a contar con algunos tanques y depósitos, pero era solo una minúscula instalación ligada a las actividades del ferrocarril Central de Buenos Aires, en el muelle de su propiedad (Muelle Zárate o Muelle Lacroze); ubicado unos 500 metros aguas abajo del atracadero de los ferry boats, entre fines de la década de 1910 y mediados de la década de 1930.
Así como lo ve, la refinería que no fue. Decisiones, vaivenes, intereses cruzados, política, temas de agenda pública, economía, geografía, requerimientos técnicos, asuntos de seguridad ciudadana, análisis de riesgo, burocracias, globalización, resoluciones judiciales en estructuras empresarias, negocios. En fin, son muchas las variables y opciones detrás de un hecho, que determinan el complejo de cosas a las cual nos sometemos hoy. Que parecen a veces triviales, pero que pueden esconder en su vientre muchas cuestiones. Pensar en posibles escenarios contrafácticos, el “¿qué hubiera pasado si…?”, termina siendo un ejercicio imaginativo, pero también puede dar lugar a reflexivos.
Por ejemplo, de haberse instalado la refinería en Zárate, sin la objeción de los polvorines inmediatos, ¿qué hubiera pasado, por ejemplo, con el dantesco incendio que sufrió la refinería en Campana en el año 1934, teniendo aquí los polvorines tan cerca?; o al revés: los polvorines del Arsenal, al final, nunca se trasladaron, y aquella trágica noche de octubre de 1976, por causas que se discuten aun hoy, reventaron arrasando el vecindario, ¿cómo hubiese afectado en la refinería de haber estado inmediata a ellos, y las consecuencias que pudo haber traído amplificando el desastre? Da escozor de solo pensarlo.
Y así muchas variantes más. Nótese también que los terrenos aledaños al Arsenal hacia el norte, a pesar de ser tan deseados en esta zona, nunca llegó a instalarse industria alguna. Recién a un kilómetro y medio el frigorífico Hall y otro tanto más para la fábrica de productos químicos La Diana. ¿Cuánto del llamado progreso industrial trajo el Parque de Artillería en sus comienzos y cuando luego condicionó su desarrollo hacia la zona costera norte? Preguntas al unísono que surgen, que pueden ser muchas más.
Como apostilla final, aquel terreno de la Colonial Oil siguió figurando en planos catastrales por mucho tiempo. Década del 10, del 20, del 30 y más. Se ve que seguía siendo de propiedad del mismo grupo empresarial, más allá del nombre que fue adoptando. En septiembre de 1949, el HCD sanciona la ordenanza Nº608, declarando de utilidad pública “la franja de terreno de 150mts de ancho, medida a partir de la margen derecha del Río Paraná de las Palmas, y su largo la distancia que media entre el límite sudeste de la propiedad de la Cía. Reyson S.A. y el límite noroestes del terreno de propiedad del Arsenal de Artillería de Marina de Zárate, tierras que actualmente pertenecen al frigorífico Wilson, Colonial Oil Company, Cía. de Diques Luis Lynck y Cía. Anglo Argentina de Electricidad S.A.,” a fin de comprar, recibir en donación o expropiar, para convertirlas en una Avenida-Parque con fines turístico recreativo. Más allá del ¿proto Masterplan Costanera? que promovió aquella ordenanza del 49, se ve que la Colonial seguía figurando dueña de la tierra para entonces. Desconocemos que ha ocurrido con aquella ordenanza y su efectiva realización, presuponemos que quedó en nada. De todas formas, hasta nuestros tiempos, en algunas cartas rurales que se publican, aquellos terrenos comprados por la petrolera hacen más de 100 años, aparece como dueña una de sus empresas continuadoras. Empresa de la cual venimos hablando de las instalaciones que desarrolló en Campana: la ESSO.
Volvamos al origen de esta nota, la postal natural de las barrancas del Paraná y el salí a caminar por aquellos lares. Ahora repasando toda la historia que acabamos de desarrollar. Que loco, ¿no? ¿Habrá sido un desacierto o un acierto? Depende el punto de vista que se plantee: ecológico y socio ambiental será una cosa, económico productivo otra, sociopolítico quizás otra, y así distintas miradas. Lo concreto es que se ven bellísimas, y necesarias con ese ecosistema vivo de humedales. Siguen siendo, como cantase Arbolito: “un pedacito del planeta que, no pudieron no, ¡no pudieron!”
Despabilando! (que aún nos queda)
