El Zárate de 1920 ya era muy distinto de aquel que vimos a principios de 1900. Claramente tuvo una transformación notable en esas dos décadas. Dejando atrás su estructura pueblerina para expandirse al son de la actividad económica, y ordenarse mucho más a ser una ciudad del interior bonaerense.
Esto podemos verlo reflejado, también y aunque extraño parezca, en una ordenanza de 1920 donde se regula el servicio de “coches y carruajes de alquiler” (léase taxis, remises, úberes, etc. de entonces), que en su artículo Nº21 dice:
“El servicio público de carruajes de alquiler, para los efectos de la aplicación de la tarifa por hora, se le establece el siguiente radio: al N.O. el deslinde de Villa Mazzoni con los terrenos del frigorífico Anglo Sud-Americano; al S.E. el deslinde de Villa Fox con los terrenos del frigorífico Smithfield; y al S.O. las vias del Ferro-Carril Central Argentino. Queda subsistente el radio antiguo de la ciudad ó sea el comprendido entre la vía estratégica del Arsenal de Marina y las de los ferrocarriles Central Buenos Aires y Central Argentino…”
Es justamente de lo que venimos hablando en los capítulos que componen este trabajo. Anteriormente, el “radio antiguo” era entre la vía del Parque y los ferrocarriles principales. Ahora se amplió la traza en el eje norte-sur, desde y hasta los frigoríficos (Anglo y Smithfield), con las villas que fueron desarrollándose en su entorno. Zárate ya era considerada ciudad.
Villa Smithfield, de una necesidad habitacional un barrio con english touch.
Los orígenes de Villa Smithfield están relacionados a un tema del cual ya hemos referido, cuando hablamos de lo que motivó crear Villa Anglo, que era el déficit habitacional existente hacia fines de la década de 1910. Simultáneamente, a los dos establecimientos frigoríficos les ocurría lo mismo: escasez de viviendas para la demanda generada por el rápido crecimiento local.
Que la fecha en que empieza a notarse sea en los años de la primera guerra mundial (1914-1918), y post ella, no es casualidad. Luego del cimbronazo que fue el estallido de la guerra, al poco tiempo se retoma las actividades de exportación para comercializar con Europa. Los frigoríficos locales reanudaron su producción a un ritmo nunca antes visto. La demanda de carnes del viejo continente, expandió la actividad frigorífica y por ende creció sustancialmente su mano de obra intensiva. La migración al centro industrial crece. La demanda de viviendas también. En la post guerra se mantuvo la fuerte actividad.
A modo de ejemplo, transcribimos un aviso de El Eco de Zárate en junio de 1918. Uno de los muchos que pueden hallarse vinculados a este tema que tratamos:
“Importante Ocasión. El Frigorífico SMITHFIELD tiene pedido para más de 80 casas de 2 o 3 piezas. Cualquier interesado que tenga casas disponibles y quisiera aprovechar esta ocasión, dirijirse a The Smithfield &Argentine Meat Company Limited. Zárate”.
En julio del mismo año, El Debate publica una nota donde se expone claramente el problema de la disponibilidad de vivienda y el impacto en los precios y materiales, es decir todo lo que trae consigo el boom industrial del momento. Es allí cuando, desde el frigorífico Smithfield, se termina por toma cartas en el asunto y poner en marcha construir un barrio para gestionar una solución a su demanda:
“Incremento de la edificación. Las construcciones de casa para obreros que ha emprendido el frigorífico <<The Smithfield>>, importan un nuevo adelanto para esta población. La parte N. E. del pueblo, en las cercanías de dicho establecimiento, está tomando un impulso positivo. Numerosas casitas nuevas se desatacan ya sobre las barrancas, y en los bajos, al otro lado de Villa Fox. También en ésta y Villa Florida aumenta la edificación, á estar del precio exorbitante de los materiales. No podemos menos que anotar complacidos el hecho, ya que representa un verdadero progreso. La numerosa población flotante atraída por las perspectivas del trabajo en los frigoríficos y demás fábricas, podrá así ir radicándose definitivamente en Zárate con ventajas para todos. Los sensible es que el material de construcción, principalmente el ladrillo, haya subido de precio en una proporción extraordinaria, como dificultando o contrarrestando la saludable reacción apuntada. Su precio actual de 26 pesos el mil, no se justifica cuando en Baradero y San Nicolás su precio es muy inferior. Los mismos factores que influirían en el costo del ladrillo aquí, operarán también en las fábricas de esos pueblos. El combustible es igualmente caro y escaso en esos puntos, y la mano de obra cuesta más o menos lo mismo. No hay pues, más que una sola causa que aquí lo encarece tanto la demanda. Pero reflexionen los propietarios de horno, pues bien pudiera ser que se viniera a establecer en esta alguna fuerte empresa de ladrillos, la que con toda facilidad los desalojaría de plaza. La demanda no es accidental; la necesidad de ladrillos en cantidades apreciables, lejos de declinar, aumentará por la misma razón de que las fuertes compañías aquí establecidas, atraerán cada vez más gente, la que necesitará radicarse. ¿No piensan acaso que, con estos alicientes y dada la necesidad creciente de casas, alguien se anticipe a aprovechar la oportunidad? Entre tener paralizado un negocio, por la ilusoria esperanza de vender más caro, y despachar en abundancia aunque ganando menos al detalle, no cabe delación posible. El buen comerciante opta por los último”.
Cuántas cosas van entrelazándose, ¿no? Economía, migración, comercio, vivienda, fábricas, construcción y demás tópicos. En la primera oración encontramos el elemento más relevante para la barriada que nos ocupa ahora: “Las construcciones de casa para obreros que ha emprendido el frigorífico <<The Smithfield>>, importan un nuevo adelanto para esta población…” Va germinando una nueva villa, que se abre paso un cachito más allá del ahora nuevo/viejo borde urbano, que era la flamante Villa Fox. Va naciendo Villa Smithfield.
El Debate, agosto de 1918. El frigorífico compra chapas y otros materiales para las casas obreras:
“Reseña comercial. Operación Importante. El primero de la razón social Genoud, Benvenuto, Martelli y Cía. ha realizado recientemente una importante operación comercial con la empresa del frigorífico Smithfield, a quien le vendió grandes existencias de zinc usado y otros materiales de construcción apreciados en una importante suma. El citado frigorífico afrontará con ellos el problema de construcción de casas para sus obreros. Se descarta desde luego, la imposibilidad de resolver totalmente este problema, pero siquiera se afrontarán provisoriamente las dificultades más apremiantes”.
Continuando la línea editorial de El Debate, comenta que entre ambos frigoríficos se emplea directa e indirectamente a miles de obreros. La demanda de vivienda es tan alta que los precios rondan los lugares más caros de la Capital Federal, inclusive ante la escasez: “de Baradero, de San Pedro, de Capilla, vienen pobladores y propietarios trayéndose el material de sus propias casas y galpones, desmontados allá, a propósito, para reconstruirlos aquí con perspectiva de sacarles renta”.
Una nota del 22 de septiembre de 1918, terminan de confirmar el plan de viviendas encarado, tanto para el obrero raso como para el empleado jerárquico:
“Casas para obreros. En los terrenos que posee el frigorífico Smithfield, por las cercanías de sus fábricas, se está llevando a cabo la construcción de numerosas casas y habitaciones para obreros. Estas construcciones, según hemos podido averiguar, responden a un plan de edificaciones de casas para obreros y empleados del importante establecimiento, reuniendo, dentro de las economías impuestas por la carestía y escasez de materiales…”
En enero de 1920 encontramos por primera vez llamársele Villa Smithfield en una nota periodística. Por lo cual entendemos que, para ese año entonces, ya estaba establecida la villa. Se la referencia con su nombre en el marco de una actividad que mantenía el culto evangélico.
El Eco de Zárate, 14 de enero de 1920: “Notas Sociales. CULTO EVANGÉLICO. Con motivo de las fiestas de Navidad y día de Reyes, el culto evangélico de nuestra ciudad celebró una interesante fiesta con exhibición de vistas, invitándose a los concurrentes con un thé y bombones. A los niños de las escuelas que sostiene el culto en Villa Fox, Villa Massoni, Villa Smithfield y Villa Florida, se les distribuyó diversos regalos.”
No solo se crearon viviendas para los obreros sino también destacados chalets para empleados de mayor escalafón jerárquico. Sean argentinos o ingleses. Esta villa fue matizándose tanto de la impronta inglesa como la identidad criolla. Era inminente que algún club social, o un centro recreativo barrial u otra forma de organización de la sociedad civil aparezca en el horizonte. Y así fue:
El Eco de Zárate, julio de 1920: “Notas Sociales. FIESTA INTERESANTE. Con motivo de la inauguración del salón teatro y escuela, situado próximo a los chalets del Smithfield, la gerencia ha organizado una interesante velada y baile, que tendrá lugar el sábado por la noche en dicho local…”
Este evento se realizó el sábado 31 de julio de 1920 y ese “salón teatro y escuela” que cita ¿podemos inferir que se trate de emblemático inmueble conocido hoy como ‘la casona de Smithfield’? Muy probablemente sí.
No ha sido menor la comunidad británica, su cultura y aportes a nuestra identidad. Máxime entorno a lo que sucedía en esta villa.
El Eco de Zárate, septiembre de 1920: “Notas Sociales. EN EL SMITHFIELD. El sábado por la noche tuvo lugar la segunda reunión organizada por el <<The Smithfield y Argentine Sports y Entertainment Club>>, en su salón escuela, ubicado en el barrio de los chalets del Smithfield. Las familias que respondieron a la invitación fueron numerosas, y el baile resultó muy animado. A media noche se sirvió un lunch, prolongándose después la danza con el mismo entusiasmo de sus primeras horas.”
¡Faaaa, no tenés nombre, no!: “The Smithfield y Argentine Sports y Entertainment Club”. Si le faltaba un buen toque inglés a la pujante Zárate, termino siendo en lo que a la Villa Smithfield respecta.
Así se establecía y daba sus primeros pasos la historia de uno de los barrios más pintorescos y característicos que subsisten hasta hoy: Smithfield; otro conglomerado cultural de las villas zarateñas que tuvieron sus albores en la primera mitad del siglo pasado.
El correr de los años, otras Villas en el devenir urbano y las nuevas concepciones.
Para la década de 1930/40, estamos en condiciones de asegurar que la ciudad ya estaba firme, bien constituida. Pintoresca y activa en cada frente barrial asociado a una actividad fabril, portuaria y/o ferroviaria, sin dejar de contemplar el desarrollo rural que generaba riquezas que también se reflejaban en el ejido urbano.
Si incluimos a todo el Partido de Zárate y tomamos los registros oficiales como referencia, de los cinco mil habitantes censados a principios de 1880, pasó a cuarenta mil llegando a la mitad del siglo XX. Es decir que, en ese período de transformación industrial, creció más de un 700% su población. Las villas creadas fueron el territorio sociocultural por antonomasia que supo contener ese aluvión demográfico.
Aparte de todas las mencionadas (Fox, Florida, Quirno, Noya, Angus, Anglo, Massoni, Capdepón, Smithfield) existieron variantes en el mientras tanto, que llegaron a compartir zonas o amanzanamientos puntuales. Por ejemplo, testimonios orales cuentan haber llegado a llamar “Villa Ferrari” (por lotearse en tierras de la familia del pionero constructor Dionisio Ferrari) al corredor de calle Dorrego, entre Justa Lima y la barranca (lo cual sería zona Villa Fox).
Otro caso puede ser la “Villa Ibar”. Un aviso de remate, de mayo de 1925 en El Eco de Zárate, la define como tal. Siendo el loteo de la manzana circunscrita por las calles Maipú, Valentín Alsina, 3 de febrero y la vía del Parque (Güemes).
En un padrón electoral local del que contamos copia, circa 1939-1940, aparecen vecinos domiciliados en lugares como “Villa Urruty” (Urruti o Urruthy), y otros también en una tal “Villa Recreo”. De las cuales no conocemos mucho más.
Pasando la mitad de la centuria se avanza ya en directrices al oeste y suroeste. Surgiendo más villas: Villa Carmencita, Villa Nueva, Villa Pitrau, Villa Negri, hasta la periférica Villa Eugenia, que terminó por ser parte del conjunto Bosch-Saavedra. Cada una con su característica, cada una en su identidad.
Véase, a continuación, la de barrios considerados para 1958 en que no llegaba aún el servicio telefónico. Según libro de acta de sesiones del Concejo Deliberante, siendo el teléfono medio de comunicación clave y tan necesario en caso de emergencias, se resuelve facultar al Departamento Ejecutivo a que gestione ante el ministerio correspondiente “la instalación de teléfonos públicos en los siguientes barrios de la ciudad: Villa Fox (2), Villa Massoni (2); Villa Carmencita (1), Villa Nueva (1), Villa Negri (1), Villa Angus (1), Villa Capdepón (1), Villa Florida (1), El Puerto (1), Barrio D. F. Sarmiento (1), Barrio A. Argentina (1); Barrio San Jacinto (1) y Barrio Martín Fierro (1)”.
Puede notarse como ya de las llamadas “villas” se va mutando paulatinamente a la denominación de “barrio”. Quedándose el uso de la palabra “villa”, hacia las últimas décadas del siglo XX, para signar a los núcleos poblacionales de precaria infraestructura y/o asentamientos informales.
Más allá de los usos y costumbres, las tendencias y lenguajes, hay algo que podemos distinguir en el matiz de la historia local: Zárate fue, desde sus orígenes y evolución en estos 200 años, una meca laboral, un territorio siempre atractivo para la idea de progreso. Primero con los asentamientos entorno al potencial ribereño, luego de ordenarse el trazado central vinieron las villas del faro industrialista, más adelante barrios al expandirse los servicios, y las últimas olas fabriles y logístico-portuarias atrayendo familias hasta hoy, pero siempre en el radar de inversiones de un país de vaivenes constantes.
Todavía hoy, con sus ciento y pico de miles de habitantes y pese a todo, la gente sigue metiéndole para adelante y estableciéndose. Siempre cosmopolita y rica en sueños, que se adoptan conforme a cada tiempo histórico. Y a cada futuro por venir.
Despabilando! (que aún nos queda)
