Martes 25 de Agosto del 2026

Zárate está lleno de villas (Parte II)

Publicado el 02/07/2026 por Damián Vidal

Está claro que la llegada del frigorífico Smithfield fue el motor del poblamiento hacia el sur del casco histórico, en dos villas concretas: Villa Fox y Villa Florida. ¿Y la expansión hacia el norte? También tuvo otro frigorífico como protagonista principal. Pero antes no podemos dejar de mencionar dos villas que también se establecieron inmediatas a la ‘barrera’ urbana que estaba en ese frente: la recordada “vía del Parque”, aquel desvío ferroviario al Arsenal de Artillería de Marina que corría por la actual calle Güemes.

Cruzando la vía hacia el norte dos poco conocidas: Villa Quirno y Villa Noya

Gregorio Quirno, el primer mandamás del partido de Zárate (1854). Aparte de político era un visionario emprendedor. La vio venir y se puso un horno de ladrillos. Para ello compra a José Antonio Anta un terreno inmediato al trazado urbano, hacia donde hoy está el conocido “Parque de la Cruz”. Fallecido Quirno en 1878, su sucesión queda a cargo de esas tierras. Estratégicas, no solo por su ubicación preferente en lo alto de las barrancas, también como acceso a las bajadas al río y la industria saladeril de ese lado del ejido.

Su hijo, el doctor Norberto Quirno Costa (vicepresidente de la Nación en segundo mandato de Roca), seguía siendo habitué por Zárate donde tenía vínculos personales y otros intereses. Ingresa nota al Concejo Deliberante en agosto de 1910 pidiendo lotear aquellas tierras. La ampliación de la traza urbana y la demanda de lotes, hacen que sea atractivo su terreno. Aprobado por el HCD local, se procede al loteo y venta. De esta forma, entonces, nace la Villa Quirno. Conformando el conjunto de manzanas entre las calles Beruti, Félix Pagola, Juan B. Justo y Maipú.

Aviso de remate en El Eco de Zárate, noviembre de 1910:

Alberto E. Robredo. JUDICIAL. LAS BARRANCAS DE ZÁRATE. 118 lotes en el paraje más pintoresco sobre las barrancas conocidas por de Gregorio F. Quirno, lindando con el Arsenal de Marina y 7 cuadras de la plaza y calle principal. Terrenos de gran porvenir…”

En 1914, publicaba en El Debate el martillero público Simón P. Bayona, venta de “lote de terreno en el paraje conocido por los terrenos de Quirno, prolongación de la calle 3 de Febrero, donde todos edifican, solo á dos cuadras del Parque…”.

Y por muchos años fue conocido como tal. La Villa Quirno siguió apareciendo en planos municipales al menos algunas décadas más, que son las que tenemos documentadas. Luego los usos, costumbres y la amplia Villa Massoni terminó por imponerse como nombre en esos lares.

Algo más al oeste de la Villa Quirno, y siempre ‘al otro lado’ de la vía del Parque, aparece Villa Noya. Pocas referencias de su origen puntual o loteo posible, pero sabemos que fue también en la década de 1910, aunque más bien hacia su segundo lustro.

Como marca la lógica que han notado, el nombre seguido de “Villa” es referido a alguien que suele ser el dueño de las tierras que dan origen al barrio. En este caso, hablar de Noya es hablar de uno de los más recordados hombres públicos de la localidad desde el siglo XIX: don Rómulo Noya. Los Noya eran una tradicional familia en la zona, desde la época de pertenecer al Partido de Exaltación de la Cruz. Rómulo era escribano y fue la primera persona que ostentó el título de Intendente Municipal de Zárate cuando se creó ese cargo, en 1887. Radical, fue también comisionado municipal en 1918. Ya por entonces existía la Villa Noya, por esos años son las primeras referencias que encontramos en los diarios locales.

Desde El Debate (contrera de la administración de Noya) con ironía cuenta en su edición del 24 de febrero de 1918, que el citado comisionado atento a una tempestad que se avecina “ha lanzado todas las cuadrillas municipales sobre las Villas <<Noya>> y <<Massoni>> para arreglar las calles y dejar ellas en condiciones de soportar las lluvias del futuro invierno y obtener al mismo tiempo un buen precio en las próximas loteadas. Bien por el viejito comisionado que no se duerme”.

Luego sin disimulo, a fines de mayo del mismo año y con nuevo interventor municipal, el nombrado periódico apoda directamente de vizcacha a Noya, nombrando a su villa como ‘Villa Vizcacha’, y que mientras era comisionado privilegiaba cuidar las calles de su loteo y la de Massoni (otro radical) por sobre los caminos del resto del Partido. Dice: “durante todo el tiempo que su antecesor ocupó el cargo de Lord Mayor no hizo echar una sola palada de tierra en ninguno de los caminos que cruzan nuestra campaña, dedicándose pura y exclusivamente al arreglo y abovedamiento de las calles de <<Villa Massoni>> y <<Villa Vizcacha>>…”

Cosas de la politiquería local, ‘la rosca’ como quien dice. Vale aclarar igual que el tema de los desagües y caminos anegados en esos terrenos no era algo menor. Esa zona era atravesada por un zanjón que corría por la actual Estrada, cual desagüe natural -hoy entubado- de lagunas que se formaban en la zona ferroviaria y en Villa Capdepón.

El nombre de Villa Noya no duró poco tiempo, sino décadas. En planos catastrales del Partido de Zárate de 1959/1960 (Archivo Histórico de Geodesia de la Provincia de Buenos Aires), se observa que se sigue nombrando como tal. Luego si, la abarcativa Massoni se terminó imponiendo en la zona, como hizo con Villa Quirno.

(Villa Quirno y Villa Noya, dos poco conocidas villas que también fueron parte de la expansión urbana hacia el norte, de la década de 1910 hacia adelante)

Villa Angus y Villa Anglo: hermanadas por el patrón, diferidas por la clase

Como decíamos al inicio, otro frigorífico fue la clave del poblamiento del sector norte del trazado urbano. Este fue el frigorífico Hall, luego frigorífico Anglo, luego frigorífico River Plate, (puede que lo hayas escuchado con algunos de esos nombres) pero siempre fue el mismo establecimiento.

El auge agroexportador que vivía el país, hacía de Zárate un gran atractivo para grandes inversiones, en especial por su ubicación geográfica. Entre quienes se acomodaron en la ribera con tierras para posibles industrias, estuvo el fulano inglés George Mitchel Hall, que en 1912 también compró. Ni lerdo ni perezoso comienza la construcción del frigorífico. Y como ya tenemos experiencia con el Smithfield en todo el movimiento económico y poblacional que genera esta industria, no faltó quienes pensaron en un barrio para los cientos de obreros que demandaría el Hall. Así nace la Villa Juan Angus.

Pensada y loteada, en primera instancia, hacia 1914, como proyecto inmobiliario de Félix y Emilio Martínez. Tomando el nombre de un viejo gerente del frigorífico de Campana (el ingeniero John Angus) que se dice era poseedor anterior de las tierras donde luego se erigió este barrio. Abril de 1914, arranca la publicidad en El Eco de Zárate. Jugoso grado de detalle, marketing e info que nos cuenta:

“No olvide Vd. Que la VILLA JUAN ANGUS está lindera al lado mismo del nuevo frigorífico HALL. Tenga en cuenta: que se trata de una villa moderna, con amplias calles de 15 metros, con aprobación Municipal, que se poblará rápidamente y que en ella se hará un colegio cuya manzana está ya destinada. Fíjese bien, vea los terrenos con el plano en la mano y se dará cuenta que no hay quien venda mejor ubicación, que no hay mentira, que no hay exageración en nada. Observe: que se venden a un precio ínfimo y único, A LARGOS PLAZOS y que con solo $10 sin otro desembolso, pueden comprarse un lote, con títulos perfectos, amojonado y con posesión inmediata. Tome nota también: que la venta es particular quiere decirse, que se compra con conocimiento perfecto de la cosa, sin la violencia del remate, sin la pujanza obligada de otro interesado. Compare entonces: con lo que otros ofrecen y haciendo deducciones sensatas, sacará en consecuencia, que le conviene hacerse propietario en VILLA JUAN ANGUS, donde por muchas circunstancias, está ya justificado su valor real y se trasluce su rápida y creciente valorización. Por lo tanto: pida planos, datos o mande órdenes de compra al escritorio del que suscribe. E. Martínez, Ameghino 186.”

La venta fue un éxito, el frigorífico se puso en marcha. Y Villa Angus siguió ampliándose con nuevos loteos en los años siguientes, hasta fines de la década del 10.

Pero para conocer mejor, y con más detalles, te proponemos leas un artículo que especialmente escribimos sobre ‘Villango’ hace unos años. He aquí: https://despabilando.com.ar/orgullosamente-villanguero/, donde verás no solo el hecho económico sino el entramado socio cultural de esta singular villa de obreros, de venidos del litoral, de europeos del Este, de solidaridad en las luchas, de clubes sociales, de bajos fondos y también de malevajes bravíos, que cierto periodismo local la ha llegado a apodar “Calabria chica”. Véase:

El Eco de Zárate, 12 de junio de 1918: “Villa Angus, o sea la Calabria chica, ha sido teatro de varios atentados en la última semana, tanto como para no perder la costumbre, y darle popularidad al barrio…”.

El rápido crecimiento de Villa Angus, en sus primeros años, era muestra de la actividad del frigorífico Anglo. Más aún, teniendo en cuenta el contexto de la primera guerra mundial que, si bien al principio castigó duro la economía local, destrabado el comercio internacional de carnes los frigoríficos zarateños tuvieron una expansión muy grande de su negocio. Este desarrollo, sumado a una oferta de viviendas incapaz de satisfacer la demanda (lo mismo le pasó al frigorífico Smithfield como ya veremos en el próximo capítulo), hizo que el Anglo tenga que gestionar la construcción de un barrio. A principios de 1919, El Debate da a conocer la decisión empresarial y su puesta en acción:

Por el progreso local. Resolución del frigorífico The Anglo South American. Terrenos para obreros. “El directorio del Frigorífico The Anglo South American ha adquirido los terrenos inmediatos al mismo establecimiento que perteneces a la señora Josefa Acebey de Sosa con el objeto de venderlos a los numerosos obreros que ocupa para que estos puedan resolver así en forma definitiva el problema de la vivienda, haciéndose propietarios con poco sacrificio y evitándose las molestias a que le obligan hoy las largas distancias que deben recorrer para concurrir a la labor…”. (El Debate, 12/01/1919)

Rápidamente se comienzan a vender con éxito los lotes, que -según la patronal- fue a un precio menor por el que había pagado la empresa por esas tierras, pero que de esa forma pretendía beneficiar a sus trabajadores (¿vieron que los ingleses no eran tan malos?).

Abril de 1919, anuncio publicitario en las hojas de El Debate:

“Frigorífico The Anglo South American Meat Company Limited. Vende terrenos altos en la barranca a 0.70, 1.00 y 1.50 el metro2, pagaderos en 40 mensualidades, con la condición que cada comprador está obligado a edificar una casa habitable, dentro de los seis meses de su compra. Cada lote ocupa de 300 a 500 metros cuadrados. Para más datos, ocurrir a la Oficina General de este Establecimiento”.

La Villa Anglo, entonces, ya estaba en marcha. Localizada en la parte alta de la barranca. Visto desde hoy sería de la Pavón al norte, en las continuaciones de Pueyrredón, Sarmiento, Quirno y Andrade. Con el correr de los años se fue diferenciando de la barriada villanguera ‘de abajo’. Con empleados más estables del frigorífico propulsor, capataces y otros. De hecho, en sus cercanías también había viviendas jerárquicas de superiores ingleses. Chalets que supieron sobrevivir por décadas en la amplia lonja de campo que tenía la empresa entre el río y las vías del ferrocarril hacia el oeste.

La década de 1920 encuentra establecidas ambas villas y en auge, hasta finales de la misma, en que la crisis mundial pegó en los grandes grupos económicos que operaban en el país, haciéndolos replantear inversiones y actividades. Dada la altísima dependencia de la actividad frigorífica, cuando el establecimiento cierra a principios de la década de 1930 el impacto en Villa Anglo y en Villa Angus es fuertísimo, lo que tardará unos diez años en reactivarse cuando las instalaciones fabriles se reconvierten para dar lugar en su seno a la textil Reysol.

Villa Angus ha sabido continuar con su identidad hasta nuestros días. No así fue la suerte de Villa Anglo, que de a poco fue perdiendo su distintivo y nombre, disfumándose entre Villa Massoni, barrio 25 de mayo, la misma Villa Angus y el llamado barrio Reysol.

(La parte baja de la barranca para ‘Villango’, la parte alta para la Anglo. Cómo metáfora también de las diferencias jerárquico-sociales de sus habitantes, en el establecimiento frigorífico que les dio vida)

La grande y abarcativa: Villa Massoni

Tanto la venimos nombrando que ya era hora de meternos en ella. Ha sido la villa de mayor despliegue territorial al norte de un pueblo que se fue transformando en ciudad.

Otra vez el frigorífico Hall (Anglo, River Plate) fue también el gran motor de esta urbanización. No tan evidente y directo como Villa Angus o Villa Anglo, pero sí su inmediatez le dio posición estratégica para utilizarlo comercialmente como zona atractiva y floreciente, más que venía a llenar un espacio urbano entre el casco céntrico y los emprendimientos industriales que se perfilaban al norte del ejido, junto con la salida a la ruralidad (camino a Las Palmas/Lima/Baradero).

Con Villa Massoni ocurre algo interesante. Se observan ventas y remates de tierras, principalmente, desde el anuncio de la construcción del frigorífico Hall, pero es recién en 1919 que presentan los planos formalizando la subdivisión de parcelas de la villa, efectuado por el emprendimiento inmobiliario “Sociedad Villa Massoni”, con tres fuertes y reconocidos empresarios locales: Calzado, Ustáriz y Jaureguiber. De todas formas, antes que ello ya se la nombraba a Villa Massoni como tal, como veremos luego.

El nombre, por supuesto, directamente asociado a José Severo Massoni, político y martillero público. Otras de las referencias son los campos de Acebey -o Asebey-, toda esa zona (inclusive la que compró Hall) era de la familia tal. Y por allí ya estaba vendiendo Massoni tempranamente lotes para quintas, según vemos en El Debate, noviembre de 1908:

“JOSE S. MASSONI. CAMPO FLOR. A las puertas de Zárate. Especial para Quintas. 14 hectáreas, 01 área y 09 centiáreas… (…) estos espléndidos terrenos forman parte de los celebrados campos de Asebey, quedan a la entrada misma del pueblo, sobre la vía del ferro-carril Buenos Aires y Rosario y al costado del camino general de Zárate a Baradero…”

Así que Massoni ya estaba con sus business por ese lado.

Decíamos, las ofertas de tierras en esa parte del ejido se disparan ni bien se conoce de la llegada y puesta en obra del nuevo frigorífico. La evidencia es clara:

*El Eco de Zárate, septiembre de 1913: por orden de la dueña de las tierras, Jova Asebey de García, José S. Massoni remata: “5 PESOS POR MES. 54 ESPLÉNDIDOS LOTES DE TERRENO. CERCANO AL NUEVO FRIGORÍFICO. Sobre el camino general a Baradero. Frente al antiguo almacén de Meira. PARTE DEL RENOMBRADO CAMPO DE ASEBEY. EN 80 MENSUALIDADES…”

*El Eco de Zárate, marzo de 1914: “JOSE S. MASSONI. $6 POR MES. En ZÁRATE – A pocos metros de la barranca. 117 – Espléndidos lotes de terreno – 117. Cercanos al Nuevo Frigorífico. Sobre las calles Avellaneda, Andrade, y Gregorio Quirno. PARTE DEL RENOMBRADO CAMPO DE ASEBEY. EN 80 MENSUALIDADES…”

Año 1915, un hecho no menor. Don Massoni abre una feria de haciendas, negocio típico en los pueblos, en inmediaciones de estaciones ferroviarias. ¿Dónde comienza a operar este ramo, el amigo José Severo? En frente al cuadro de estación Zárate. El anuncio en El Debate:

“JOSE S. MASSONI Y Cia. 1er remate-feria de haciendas. “El jueves 2 de Septiembre, a la 1 de la tarde, daremos nuestro 1er remate – feria de haciendas generales en nuestras instalaciones de Zárate, situadas frente a la estación del ferro carril Central Argentino….”

Y allí operará por muchos años. Inmediato a “su villa”, en lo que supieron ser terrenos de Carlos Capdepón, del cual ya nos ocuparemos más adelante.

Instalado Massoni en la zona que tratamos, se encuentra el primer hallazgo de llamarla como tal para esos años. La población que se asentaba pidió una estafeta postal. Así lo informaba El Debate el 27 de febrero de 1916:

NUEVA ESTAFETA. Los vecinos del nuevo barrio denominado Villa Massoni, inmediato al frigorífico Hall en construcción han elevado a la Dirección General de Correos una petición para que se establezca en ese punto una estafeta de correos…”

Eureka en 1916. Ya por entonces se hablaba de “Villa Massoni” en esos parajes, más allá de haberse formalizado o no.

Siguen las ventas y aparece el empresario clave que ya nombramos: Ustáriz.

*El Eco de Zárate, agosto de 1916: “Villa Massoni en Zárate. LOS ULTIMOS 50 LOTES. EN MENSUALIDADES DE 8, 10 y 12 PESOS. Se hace saber al público que están en venta particular los últimos 50 lotes de los espléndidos terrenos que componen la “VILLA MASSONI”, situados sobre las Barrancas de Zárate, frente mismo al nuevo frigorífico Hall, y a pocas cuadras de la ciudad. Estos espléndidos terrenos se venden en 40 mensualidades de 8, 10 y 12 pesos, según dimensiones. Las personas que tengan interés en adquirir alguno de éstos últimos lotes deben apresurarse a hacerlo dirijiéndose al escritorio de los señores USTARIZ y Cía., en Zárate”.

*El Eco de Zárate, enero de 1917: Aviso publicitario “¿POR QUÉ NO SE HACE VD. Propietario?. En “VILLA MASSONI”, en Zárate, sobre las barrancas del espléndido Río Paraná, puede Vd. adquirir un lote de terreno con solo pagar 2 mensualidades de 8, 10 o 12 pesos, según tamaño, el que habrá terminado de pagar Vd. en 40 mensualidades, haciéndose propietario en uno de los barrios de mayor porvenir con solo emplear bien lo que debiera gastar en el alquiler de una pieza…”

Clarita la cuenta ofrecida: en vez de pagar un alquiler por una pieza, con esa plata compras un lote en Villa Massoni y en 3 años y pico sos propietario. ¿Dónde hay que concurrir para eso? Efectivamente, al escritorio de los señores Ustariz y Cía.

Y así podríamos seguir, pero ya está más que claro. Cuando Francisco Calzado, José Ustáriz y Jacobo Jaureguiber, de la Sociedad Villa Massoni, presentan los planos formalizando la “subdivisión de terrenos, manzanas y lotes”, firmados en septiembre de 1919 por el agrimensor Augusto Bono, la barrida ya era un éxito rotundo. Había nacido, crecido y afirmado una de las villas más grandes y populosas de Zárate.

Detalle de observación: en el citado plano hay una nota a mano, en letra pequeña, que dice que en 1926 hubo un agregado al expediente caratulado “Ustáriz José y otros, donación hospital en Zárate”. Y así fue nomás. Ahí está, luego de 100 años, el hospital de Zárate en la hectárea donada para tal efecto.

(Plano presentado de Villa Massoni, en su trazado original (1919). Abarcando desde el camino general a Baradero (hoy Santa Fe) hasta las barrancas, entre las actuales calle España y Pavón.)

Villa Capdepón, completando el casillero norte/oeste en la ampliación de la cuadrícula.

Por último, en este extenso capítulo sobre los primeros barrios zarateños en la extensión al norte de la traza céntrica, incorporamos una villa más: Villa Capdepón.

Toma su nombre por Carlos Capdepón, dueño de esas tierras. Y de muchas más. Capdepón, de origen francés, fue uno de los pioneros en la actividad agropecuaria del Partido de Zárate. Ya en 1888 aparece como comprador a Faustino Alsina en la zona de Lima y Las Palmas, donde en este último paraje supo tener su principal establecimiento: <<El Retiro>>. En 1903, como para ilustrar un poco más su actividad, estuvo entre el grupo de importantes chacareros que fundaron la sociedad Unión Chacareros, como liga local para defender sus intereses ante exigencias del gremio de carreros y estibadores. Falleció en 1913.

Desde entonces, las tierras que ocuparán luego la Villa Capdepón, pasarán a su sucesión. Y es allí donde, dos años más tarde, Massoni instalará su feria de haciendas, como ya hemos comentado anteriormente. Ubiquémonos hoy: un cuadrilátero aproximado de Güemes a Juan B. Justo y de Anta a Cuyo. Por allí estaba la quinta de Capdepón.

Anuncio en El Debate, junio de 1915: “JOSE S. MASSONI y Cía. Remate-feria de haciendas. “Tenemos el agrado de comunicar al publico que, próximamente, dares el primer remate-feria de haciendas generales en nuestras instalaciones de Zarate, situadas frente a la estación del ferro carril Central Argentino (quinta de Capdepon)”.

Ese predio ferial, pasó a manos de Juan B. Desbout en 1922, y en 1923 lo adquieren los Ustáriz y Cía, reactivando los remates en manos de Massoni, por un tiempo más. Como puede apreciarse, la danza de apellidos en las tierras y negocios, ronda en general en las mismas manos, ya conocidas. Hacia fines de la década de 1920, lo que supo ser la quinta de Capdepón y luego predio ferial, ya es loteada, y pasa a formarse así Villa Capdepón.

No podemos dejar de mencionar una de las cuestiones con las que lidió el barrio, que hasta le dio un distintivo de referencia: la laguna de Capdepón.

Tanto en la zona ferroviaria como en terrenos de la villa, se formaban amplios espejos de agua, y un zanjón corría por la actual calle Estrada hasta las barrancas, para propiciar su desagüe al río. Tema siempre en boga de los vecinos y sus reclamos, encontramos -por ejemplo- que en el año 1952, según acta del Concejo Deliberante, la Municipalidad realiza estudios técnicos “para solucionar los inconvenientes que origina la zona anegadiza conocida por laguna de Villa Capdepón”, nivelar terrenos, abrir calles, mejora integral de la zona. Las obras llegaron recién entre la década del 60/70 y algunas en los 80s. Ya por entonces iba perdiendo el mote de Villa, para comenzar a llamarse, hasta hoy: Barrio Capdepón. Ampliándose sus márgenes originales, también, a un radio más amplio que la quinta del viejo chacarero francés.

Despabilando! (que aún nos queda)

(Villa Capdepón, una de las últimas en incorporarse en la extensión al noroeste del casco viejo, en el segundo lustro de la década del 20. Al día de hoy mantiene su nombre, ahora como Barrio Capdepón)

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